La política es escuchar”; verbo que en una de sus definiciones –la que más añoro en este tiempo– significa, según la RAE, ni más ni menos que “dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia”

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


30/11/20. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la demasiada importancia del lenguaje no verbal en la política: “Algunos de los “sabios del cómo” mantienen que por encima del fondo está la forma: la imagen que demos a nuestro público; seguridad, cercanía, ilusión, etc.; siendo el lenguaje no verbal tanto o más importante que el verbal...

...Pero, ¿y el contenido? Para mí, por contra de lo antedicho, las posturas, protocolarias o no, nunca pueden sobreponerse a la esencia de la cuestión”.

Escuchando

La definición de un diputado andaluz, oída en el sancta sanctorum del Congreso, me ha  dado pie para titular esta nueva reflexión: “la política es escuchar”; verbo que en una de sus definiciones –la que más añoro en este tiempo– significa, según la RAE, ni más ni menos que “dar oídos, atender a un aviso, consejo o sugerencia”.


Así, no os debe extrañar que, con toda regularidad, me llame la atención que gran parte del estatus socio-político que habita en la “piel de toro”, olvidando lo antedicho, esté imbuido por una rapidez inusitada en la utilización de la palabra; lo que, al menos para este “juntaletras” –educado en el diálogo–, supone la imposibilidad de centrar la necesaria atención en esas parrafadas a las que me refiero para, sin ni siquiera  intentar llegar al fondo del mensaje lanzado cual jabalina olímpica, me permita saber qué se está intentando comunicar.

Me cuentan que ello tiene su origen en los “tiempos marcados” a la hora de plantear cuestiones en los distintos foros –y aun más si está presente la siempre deseada televisión–. En este contexto, algunos de los “sabios del cómo” mantienen que por encima del fondo está la forma: la imagen que demos a nuestro público; seguridad, cercanía, ilusión, etc.; siendo el lenguaje no verbal tanto o más importante que el verbal.

Pero, ¿y el contenido? Para mí, por contra de lo antedicho, las posturas, protocolarias o no, nunca pueden sobreponerse a la esencia de la cuestión. Ya sabéis que mantengo que no admite revocación alguna la necesidad perentoria de acometer, con soluciones inmediatas y eficaces, los grandes problemas de nuestra sociedad: el paro, la emigración, la corrupción, la deshumanización, la discriminación, la violencia de cualquier género, la desigualdad legal y jurídica…; en fin, todo aquello que atenta contra la dignidad humana.

Y todo ello no se puede ignorar, ocultándolo con verborreas o medias verdades, dictadas y reproducidas a velocidad supersónica, espetadas con el único fin de no dar respiro para la imprescindible meditación.


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