“Parece que ha llegado el momento de recordar que una buena empresa privada lo es –y tiene futuro– en razón no sólo a su desarrollo económico, sino también a su código ético, a su plantilla bien adecuada y, sobre todo, a su realidad ante el cliente, es decir: ante todos nosotros

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


28/12/20. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el servicio de las empresas privadas: “Se denomina de esta forma (sancocho) a la “comida mal preparada, insulsa, pobre en ingredientes”. En España, según el que suscribe, el plato que nos están sirviendo habitualmente se acerca ya a lo incomible, multiplicándose su diaria elaboración en las que...

...eran las mejores cocinas empresariales”.

Sancocho privado

Nos estamos metiendo en un sancocho privado. En Cuba, según la RAE, popularmente, se denomina de esta forma a la “comida mal preparada, insulsa, pobre en ingredientes”. En España, según el que suscribe, el plato que nos están sirviendo habitualmente se acerca ya a lo incomible, multiplicándose su diaria elaboración en las que eran las mejores cocinas empresariales.


Y no me refiero, como comprenderéis, al sector gastronómico –aunque también–. Escribo, por experiencia propia, sobre la atención al cliente, al ciudadano de a pie, aquel que, no lo olvidemos, de una forma directa o indirecta, es el que mantiene el tinglado.

¿Habéis intentado, por ejemplo, pedir una cita médica privada sin necesidad de que os espeten aquello de que “la agenda está completa, siga usted llamando”?

¿Habéis intentado pedir asesoramiento privado sobre un determinado producto o servicio sin que el tan cacareado profesional “no esté disponible”?

¿Habéis necesitado una pequeña, pero urgente, reparación privada en vuestro hogar sin que se haya convertido en la “búsqueda del arca perdida”?

Y eso que llevamos años –siglos– manteniendo la bondad de lo privado frente a lo público, aunque toque rascarnos el bolsillo en una determinada póliza o en un contrato indescifrable cercano a las magnitudes bíblicas.

Parece que ha llegado el momento de recordar que una buena empresa privada lo es –y tiene futuro– en razón no sólo a su desarrollo económico, sino también a su código ético, a su plantilla bien adecuada y, sobre todo, a su realidad ante el cliente, es decir: ante todos nosotros.

Las buenas palabras o las disculpas oportunas no son nada ni conllevan la mejora, si, a continuación, no tienen la necesaria corrección en lo reclamado legítimamente.

Permitidme, pues, que estime llegado el momento de ejercer contundentemente el derecho ciudadano a la elección de lo privado, en razón siempre a sus hechos y a sus realidades, y no únicamente a sus trayectorias.

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