Se está manteniendo en diversos círculos políticos y de opinión que es más cómodo y resulta menos peligroso no contrastar ideas con las directrices lanzadas por los líderes minoritarios que condicionan los destinos generales”

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


08/02/21. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el estado de bienestar: “Es como si las actitudes individuales de claro signo egoísta estuviesen anteponiéndose de forma imparable a cualquier intento de avance hacia una sociedad más libre y democrática. Quizá por indolencia generalizada; quizá por falta de decisión; o tal vez por miedo...

...a una implicación directa y justa en el desarrollo común”.

Oídos sordos en Andalucía

Se decía que “a palabras necias…”. Aunque parece que hasta los refranes más conocidos –y los que no lo son tanto– están siendo modificados día a día, minuto a minuto. Es como si las actitudes individuales de claro signo egoísta estuviesen anteponiéndose de forma imparable a cualquier intento de avance hacia una sociedad más libre y democrática. Quizá por indolencia generalizada; quizá por falta de decisión; o tal vez por miedo a una implicación directa y justa en el desarrollo común. Se está manteniendo en diversos círculos políticos y de opinión que es más cómodo y resulta menos peligroso no contrastar ideas con las directrices lanzadas por los líderes minoritarios que, con pactos contrarios al orden de la naturaleza, condicionan los destinos generales.


Ya veis que, que aún a riesgo de ser blanco de burlas interesadas, sigo manteniendo criterios de unidad. Sin dudar, por ejemplo, que sea necesaria una educación particular para cada oficio, pero siempre y cuando esta tenga sus bases en la universalidad… Me explicaré: cada uno a su oficio, pero todos hacia un horizonte común. En palabras del actual Papa: “Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad”. Una soledad que necesariamente tiene tintes de demagogia dictatorial; de alejamiento de los gobernados; de intento de convertir a las personas en súbditos.

Y tal vez ello, junto al hartazgo por las falsedades aireadas, sea gran parte de la explicación de lo que estamos padeciendo en estos tiempos.

Así, una vez más os invito –me invito–, desde las responsabilidades de cada cual, a desarrollar, equitativamente, sin violencias ni iluminaciones con el resto de España, la presencia de la Verdad –la contrapuesta a la falsedad y a la mentira–, aunque esta sea tan difícil de alcanzar como la Justicia.

Me consta que este es el interés de muchos –y que ya están poniendo el mayor empeño en ello–, pero las oportunidades no se pueden desaprovechar, especialmente en tiempos de mudanza. Y a mí, como ya pasó en la fotografía, me está llegando el tiempo de sustituir lo analógico por lo digital. Un cambio que, por lo general, no tiene por qué ser traumático ya que puede aunar lo conseguido con lo esperado; lo hecho con lo que resta por hacer; siempre avanzando.

Y que conste que no estoy sólo hablando de opciones políticas o programas de gobierno concretos, sino del estado del bienestar en el que sueño y deseo convivir en paz.

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