“Ni especiales, ni diferentes. Hijos, eso sí, de una cultura milenaria, resultado de la unión de distintas razas y colores

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


09/03/21. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre Andalucía y los andaluces: “Nuestra región —autonomía— merece y necesita un aire nuevo lleno de esperanza, igualdad y desarrollo; ese aire que ya están intentando insuflar algunas de nuestras instituciones, por encima de los añejos ideales partidistas o de las alocadas posturas insolidarias”...

Especie protegida

“Estoy en autodefensa; soy una especie protegida”. Así se definía una pequeña andaluza, al escuchar las noticias que sobre nuestra tierra difundían diferentes medios audiovisuales, sin que de nada sirviese mi intento de explicarle lo difícil de la situación, tanto económica como social, por la que estamos atravesando.


De este modo y manera, la autodefinición de Irene –la que tiene paz– me ha hecho reconsiderar algunas de las tesis que he venido manteniendo desde tiempo atrás sobre Andalucía y los andaluces: unas para ser reafirmadas, y otras para ser replanteadas. ¡Que la verdad absoluta, compuesta siempre de verdades relativas, no es uno de los dones que considere propios de mi acerbo!

En el primero de los casos, el de la reafirmación, se encontraría “nuestro nivel de acogimiento”: en los últimos tiempos la hartura de las imprecaciones sobre la calificación de “idóneos” está llegando a colmar mi paciencia. Ni especiales, ni diferentes. Hijos, eso sí, de una cultura milenaria, resultado de la unión de distintas razas y colores.

En el segundo, el del replanteamiento, estarían las “formas de aplicar las necesarias soluciones”: sinceramente dudo sobre si ir poco a poco –como he mantenido hasta ahora– o, por el contrario, asignar un tratamiento de choque. Pues, sin saltarse ni un ápice de nuestra bien lograda democracia, quizás haya llegado el momento de poner a cada cual en su sitio, evitando situaciones que, como ya os he dicho, atentan contra el derecho y la razón.

El pequeño mundo que algunos se empeñan en defender a capa y espada no nos ha traído sino aislamiento y desconfianza de terceros. Nunca es demasiado tarde –aunque sí sea perentorio, y, por tanto, improrrogable– reconvertirnos en ciudadanos universales sin “peros torticeros”.

Nuestra región —autonomía— merece y necesita un aire nuevo lleno de esperanza, igualdad y desarrollo; ese aire que ya están intentando insuflar algunas de nuestras instituciones, por encima de los añejos ideales partidistas o de las alocadas posturas insolidarias.

Soy de los que piensan que ya no valen las promesas. Lo que necesitamos son realidades inmediatas que nos lleven a un estadio lleno de colaboradores por el bien común.

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