“Siempre mantuve, y ahora lo aseguro más que nunca, que la limitación en el tiempo de ejercicio de los cargos era una sana medicina y un buen remedio natural contra las malas intenciones de la perdurabilidad egoísta

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


05/04/21. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los políticos: “El término latino “ut serviam, serviam” –para servir, servir– aprendido, y bien aprehendido, de estudiante en la Villa y Corte, a estas alturas tiene para mí un desarrollo mayor que el de la mera traducción: anhelo servidores que, por encima de todo, sepan servir a los verdaderos intereses de...

...sus conciudadanos y no simples advenedizos que sólo actúen en beneficio propio”.

Servir

El término latino “ut serviam, serviam” –para servir, servir– aprendido, y bien aprehendido, de estudiante en la Villa y Corte, a estas alturas tiene para mí un desarrollo mayor que el de la mera traducción: anhelo servidores que, por encima de todo, sepan servir a los verdaderos intereses de sus conciudadanos y no simples advenedizos que sólo actúen en beneficio propio.


Me duele, por no decir que me enerva, lo escuchado días atrás en los corrillos del Parlamento de Andalucía sobre la necesidad de estudiar sueldos y beneficios que aumenten considerablemente lo que se venía ganando antes de “meterse en política”.

Por otra parte, me admira el interés lícito de algunos otros por retomar sus actividades profesionales al servicio de la sociedad con el fin de seguir siendo útiles.

Siempre mantuve, y ahora lo aseguro más que nunca, que la limitación en el tiempo de ejercicio de los cargos era una sana medicina y un buen remedio natural contra las malas intenciones de la perdurabilidad egoísta.

Andalucía –¿cuántas veces lo tengo que repetir? – ya no está dispuesta a dar “carguillos” a “fulanillos” que únicamente se entregan a sí mismos. Y esta decisión que ya viene de atrás, y que en algunos sectores ha sido paradigmática, tendrá que imponerse de forma definitiva.

Quien tenga la responsabilidad, habrá de revisar no sólo los currículums de última hora, sino también las actividades desarrolladas tiempo atrás y los esfuerzos llevados a cabo en favor de toda la ciudadanía.

Por otra parte, también nosotros, los “de a pie”, tenemos la obligación de mantener toda nuestra atención sobre las decisiones de este tipo que puedan afectar al desarrollo del buen gobierno de nuestra tierra. Porque, aunque nos cueste creerlo, uno de nuestros cometidos –en evitación de cualquier corresponsabilidad– no es sólo votar, sino que lo votado y los votados cumplan.

Y todo ello con la prudencia de la presunción de inocencia, pues no me gustaría tener que preguntarme sobre una vieja sensación –que yo creí olvidada-: ¿Están volviendo algunas apariciones del pasado?

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