“Hay quien entiende, por ejemplo, que un edificio, una escultura o un cuadro tienen sólo un valor de disfrute personal y/o colectivo, pero no que sean un acicate para seguir manteniendo viva la realidad social más o menos inmediata

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


03/05/21. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los ‘movimientos de amor cultural’: “Personas que se unen en torno a una idea de restauración patrimonial para, con su trabajo o su pequeña aportación monetaria, conseguir poner en pie grandes o pequeños iconos de nuestra memoria, dándole, además, un uso racional a sus esfuerzos”...

Movimientos de amor

El titular de estas líneas –ya sabéis que yo las llamo reflexiones- ha surgido de la lectura de uno de los artículos del psicólogo Bertrand Regader: “El fenómeno del amor es, sin duda, el más estudiado, complejo, incomprendido y multidimensional que existe. (…). Pero también es algo muy complejo. Tanto, que muchas veces en vez de hablar sobre el concepto del amor en sí se habla acerca de los tipos de amor diferentes que existen”.


Para mí, aunque os pueda sorprender, uno de estos tipos de amor tiene mucho que ver con nuestra ciudad, nuestra provincia o nuestra comunidad autónoma: territorios llenos de historia y, por tanto de sus vestigios más o menos bien conservados.

Es tal la cantidad de ellos que, a veces, hasta me he planteado comprender las razones que los distintos responsables públicos esgrimen para no acometer una determinada restauración. Y no os digo nada si se trata de una excavación a la búsqueda de una huella o un rastro de nuestro pasado.

La tesis fundamental esgrimida al respecto se centra en torno a la imposibilidad de dedicar los fondos públicos suficientes para acometer las necesarias actuaciones, por muy urgentes que puedan considerarse, sin que se resientan otros fines “más cercanos a las personas” (frase oída en una determinada delegación de Cultura al plantear el destino de las partidas presupuestarias del año).

Y es que hay quien entiende, por ejemplo, que un edificio, una escultura o un cuadro tienen sólo un valor de disfrute personal y/o colectivo, pero no que sean un acicate para seguir manteniendo viva la realidad social más o menos inmediata.

Así comprenderéis que, hoy por hoy, yo esté apasionado por los denominados “movimientos de amor cultural”: personas que se unen en torno a una idea de restauración patrimonial para, con su trabajo o su pequeña aportación monetaria, conseguir poner en pie grandes o pequeños iconos de nuestra memoria, dándole, además, un uso racional a sus esfuerzos.

Estos movimientos –de los que conozco al menos tres o cuatro– suelen tener el nombre de “amigos de” y estar encabezados por personas de corazón amplio, cuya seducción, estad seguros, va más allá de la búsqueda del prestigio o del lucro personal.

¿Os animáis a uniros a uno de ellos? Yo ya lo he hecho.

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