“Por eso, “dicen, yo no lo creo” que el derecho a la libre expresión está por encima de cualquier otro derecho; y dicen, yo sí lo creo, que el respeto es el principio imprescindible para una convivencia justa y con futuro

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


28/06/21. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la libre expresón y el respeto: “La técnica de agredir de forma verbal, por escrito o físicamente a cualquier colectivo a fin de conseguir la contestación paralela y, por tanto, el enfrentamiento deseado, está trasnochada, es inhumana, y, lo que es peor aún, la considero exclusiva de dictadores de...

...la peor calaña”.

Dicen, yo no lo creo

La frase que me ha inspirado el titular de hoy no es mía, era propia del acerbo de un reconocido periodista y presentador de la única televisión de entonces, Victoriano Fernández Asís, pero me sirve como ninguna otra para dejaros una nueva reflexión: “respeto versus expresión libre”.


La técnica de agredir de forma verbal, por escrito o físicamente a cualquier colectivo a fin de conseguir la contestación paralela y, por tanto, el enfrentamiento deseado, está trasnochada, es inhumana, y, lo que es peor aún, la considero exclusiva de dictadores de la peor calaña.

Por citar un ejemplo, un experto, entre otros muchos, de este tipo de técnicas fue el inspirador y autor principal de la propaganda del partido Nazi, Joseph Goebbels, antes y durante el holocausto de los pueblos judío y gitano.

No pretendo hacer comparaciones –soy de los que piensan que, en muy pocos casos, los aprendices superan al maestro-, pero sí dejar claro que, al menos yo, quiero vivir en una ciudad, en un país, en un universo, donde la concordia vaya más allá de las “posturas” propias de una fotografía periodística.

Por eso, “dicen, yo no lo creo” que el derecho a la libre expresión está por encima de cualquier otro derecho; y dicen, yo sí lo creo, que el respeto es el principio imprescindible para una convivencia justa y con futuro.

Así comprenderéis que reafirmándome una vez más en la necesidad perentoria de acometer, con soluciones inmediatas y eficaces, los grandes problemas de nuestra sociedad –el paro, la emigración, la corrupción, la deshumanización, la discriminación, la violencia de cualquier género, la desigualdad legal y jurídica, y, más concretamente, todo aquello que atente contra la dignidad humana–, mantenga que tenemos que esforzarnos en comenzar por resolver, con diálogo y no con agresiones, conspiraciones, ataques o conjuras, lo más cercano, lo que está al alcance de cada uno de nosotros (pero, añado: siempre sin saltarnos el marco constitucional que nosotros mismos nos hemos dotado).

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