“Tendremos que adaptarnos, con paciencia y fe (pero sin perder la esperanza y la determinación de desarrollar nuestras creencias), a los nuevos ritmos de vida, pues la música de las ciudades ya no es la misma; y la letra, tampoco

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


07/03/22. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los cambios: “Quizá, también, puede suceder que las costumbres estén cambiando a ritmo de vértigo. Las ideas actuales, por ejemplo, sobre el descanso, el ocio o la tregua, no se parecen en modo alguno a las que, por ejemplo, hace cincuenta años se consideraban como indiscutibles”...

Tiempo

Aunque no lo creáis la frase, escuchada de forma repetitiva por tierra, mar y aire, “el tiempo que vivimos ya no es al que estábamos acostumbrados”, comienza a serme muy familiar; diría que hasta cotidiana.


Y lo más sorprendente es que quienes la utilizan no sólo se refieren al “cambio climático”, sino también –y con acento especial– a la no presencia de determinados personajes, considerados como habituales e imprescindibles en nuestras latitudes.

No quiero creer que estas destacadas desapariciones tengan algo que ver con dudas económicas sobre el futuro o con lagunas mentales sobre lo ocurrido años antes. Más bien me inclino a pensar que, como le pasa a nuestro planeta, lo seguro –la lluvia, el calor, la nieve, el viento, etc.– se está convirtiendo en inesperado, incluso hasta en desconcertante.


Quizá, también, puede suceder que las costumbres estén cambiando a ritmo de vértigo. Las ideas actuales, por ejemplo, sobre el descanso, el ocio o la tregua, no se parecen en modo alguno a las que, por ejemplo, hace cincuenta años se consideraban como indiscutibles.

Y es que, no me cabe duda, tendremos que adaptarnos, con paciencia y fe (pero sin perder la esperanza y la determinación de desarrollar nuestras creencias), a los nuevos ritmos de vida, pues la música de las ciudades ya no es la misma; y la letra, tampoco.

A ciencia cierta, no estoy seguro de si todo lo dicho responde a un intento gafe de reeducación en la “escuela de la existencia”, diseñado por terrícolas o extraterrestres para un “mejor gobierno” –los informativos y las series televisivas sobre los alienígenas comienzan a tener un gran contenido en común–.

En todo caso yo prefiero seguir paseando por las calles y rincones de nuestra tierra para encontrarme –en el más amplio sentido de la palabra– con las gentes que nos han hecho fuertes y que nunca han dado tregua a la defensa de la verdad.

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