“Se trata de desviar la atención del público con información insignificante, evitando ‘que la audiencia se preocupe de los temas importantes’

OPINIÓN. Cuarta cultura
. Por Ramón Burgos
Periodista


10/10/22. Opinión. El periodista Ramón Burgos escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las distracciones: “No, no estoy en contra de cualquier “denuncia” suficientemente documentada y, por tanto, que se ajuste a la realidad (…) De lo que abomino es de la costumbre que parece haberse implantado en nuestra sociedad, muy próxima al dicho malsano de “calumnia que algo queda””...

Distracciones

No me cansaré de recomendar la lectura –ordenada y con criterio– como medio seguro de crecimiento del alma. Su bondad es tal que incluso puede llegar al paroxismo si, además, las conclusiones obtenidas nos incitan a compartir nuestros hallazgos, algo que debería ser norma en todos los casos.


Así, un texto del lingüista Noam Chomsky –10 estrategias de manipulación mediática– puede, desde mi punto de vista, ser un claro ejemplo y, por tanto, referente de lo antedicho. De sus resumidos “principios”, el primero, la “distracción”, hoy me viene al pelo para comentar algunos de los sucesos que estamos viviendo.


Al respecto, plantea el estudioso que se trata de desviar “la atención del público con información insignificante”, evitando “que la audiencia se preocupe de los temas importantes”: y a mí me parece como si este razonamiento hubiese sido gestado en algún territorio cercano, pues –lo he comprobado muy próximo y en diversas ocasiones– es una forma crónica, aplicada por unos y otros, para llevarnos al atolondramiento ciudadano.

Puedo entender que a nuestros munícipes, especialmente en los tiempos electorales que ya atravesamos, les interese bombardearnos con los errores cometidos por los contrarios; y esto no sería del todo insano si no es porque los perenganos aprovechan para machacar lo cotizado en favor de los administrados. Y, peor aún, cuando el ataque es dirigido contra una persona en concreto, independientemente de cuáles hayan sido sus actuaciones anteriores, sin, en el caso de error, dar oportunidad a la rectificación.

No, no estoy en contra de cualquier “denuncia” suficientemente documentada y, por tanto, que se ajuste a la realidad –todo lo contrario; ya sabéis que, por ejemplo, sueño con el periodismo de investigación como servicio primigenio a la democracia–. De lo que abomino es de la costumbre que parece haberse implantado en nuestra sociedad, muy próxima al dicho malsano de “calumnia que algo queda”.

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