“El patrimonio material, representado principalmente por estructuras urbanas, monumentos históricos y museos, ha estado desde el principio vinculado al turismo, manteniendo, hasta su masificación, unas buenas relaciones, para luego deteriorarse principalmente por exceso de la capacidad de carga de las instalaciones y de los atractivos en si mismos”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


01/10/20. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los pecados del turismo, en este caso la destrucción de la cultura y el patrimonio: “Otro tema que ha suscitado recientemente conflictos entre la cultura y el turismo es la presión de este sobre los cascos...

...históricos tradicionales, donde se asientan muchos recursos culturales, y sus consecuencias sobre los residentes que ha dado lugar a la turismofobia. Señalar que en todos estos excesos de capacidad de carga que han llevado a la alteración, cuando no a la destrucción, del tejido urbano y perjudicado seriamente a los residentes, intervienen también junto a la presión turística otras muchas variables, en especial el planeamiento urbano y, sobre todo, su gestión”.

Los pecados del turismo: la destrucción de la cultura y el patrimonio

A pesar de que se encuentra en el origen del turismo, al igual que ocurre con el medio natural, desde la cultura se han dado desde hace tiempo relaciones de rechazo con la actividad turística. Aunque en estos casos sus desarrollos son mucho más complejos, como le ocurre al desarrollo conceptual del hecho cultural. De hecho, la conservación de los objetos culturales fue considerada durante mucho tiempo como un objeto en si mismo, con un uso social restringido a minorías de la ciencia o de la cultura.


Las principales relaciones entre turismo y cultura se manifiestan en el patrimonio, material e inmaterial, y en las formas y relaciones de producción y sociales, que van más allá del patrimonio inmaterial.

El patrimonio material, representado principalmente por estructuras urbanas, monumentos históricos y museos, ha estado desde el principio vinculado al turismo, manteniendo, hasta su masificación, unas buenas relaciones, para luego deteriorarse principalmente por exceso de la capacidad de carga de las instalaciones y de los atractivos en si mismos.

El patrimonio inmaterial como las fiestas, artesanías, tipos de alimentación, etc., han sido solo recientemente objeto de interés por parte del turismo, aunque con resultados diversos.

En estos procesos de valorización (y comercialización) de la cultura por parte del turismo se encuentra el primer peligro y posibilidad de destrucción. Ciertas intervenciones en monumentos y relatos esperpénticos pero muy espectaculares de hechos sociales, dan prueba de ello. No se debe olvidar que el turismo cultural debe ser un instrumento de difusión y valorización de la cultura. De lo anterior debe deducirse la importancia del hecho interpretativo, que al mismo tiempo de manifestarse como un hecho lúdico para el turista, mantenga su rigor y veracidad sobre lo que se interpreta. No se debe por lo tanto, quedar en lo anecdótico y mucho menos en lo falso, cuando se abordan estos temas, aunque este tipo de representaciones suponga mayores ventas o beneficios.

Otro tema que ha suscitado recientemente conflictos entre la cultura y el turismo es la presión de este sobre los cascos históricos tradicionales, donde se asientan muchos recursos culturales, y sus consecuencias sobre los residentes que ha dado lugar a la turismofobia. No se puede aquí plantear con extensión y claridad suficiente este tema tan complejo, pero si quisiéramos señalar que en todos estos excesos de capacidad de carga que han llevado a la alteración, cuando no a la destrucción, del tejido urbano y perjudicado seriamente a los residentes, intervienen también junto a la presión turística otras muchas variables, en especial el planeamiento urbano y, sobre todo, su gestión. Es este uno de los temas sobre los que hay actuar con más rapidez y decisión para defender el derecho a la ciudad de los ciudadanos y preservar una gestión y crecimiento turístico sostenible. No se debe olvidar que el turismo no debe ni puede arrebatar la gestión de los espacios urbanos a los ciudadanos y sus justos intereses por mejorar su calidad de vida cotidiana.

Repasando sobre las notas que hemos ido publicando es fácil observar que los principales "pecados del turismo", la destrucción del territorio, del medio natural y de la cultura, podrían resumirse en atentados contra la sostenibilidad y que en buena medida vienen de la configuración de esta sociedad bajo los principios de la globalización y el consumismo sin límites. Pero eso son temas para otros comentarios de mayor enjundia.

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