“Otro tema a resolver es el enfrentamiento que se ha producido tradicionalmente entre turismo y medio ambiente, tanto en lo administrativo como en lo técnico, cuando de la colaboración de ambas instancias se pueden producir grandes ventajas y sinergias”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


08/10/20. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los pecados del turismo, en este caso la destrucción  y el deterioro del medio ambiente: “Sus efectos en el territorio ya revisados en otro comentario, se extienden por relación al medio ambiente, pero se...

...magnifican en otras categorías. La desaparición del litoral bajo capas de cemento con fines turísticos, la desaparición de humedales y otros ecosistemas, el dióxido de carbono y el calentamiento que los viajes con motivos turísticos producen y otros efectos de cierta entidad enfrentan a la actividad turística con el medio ambiente”.

Los pecados del turismo: La destrucción y el deterioro del medio natural

A pesar del optimismo inicial sobre los efectos del turismo sobre el medio ambiente, llamado entonces la industria sin chimeneas, lo cierto que los desencuentros entre ambos han sido manifiestos, aunque no siempre por culpa del primero.


Sus efectos en el territorio ya revisados en otro comentario, se extienden por relación al medio ambiente, pero se magnifican en otras categorías. La desaparición del litoral bajo capas de cemento con fines turísticos, la desaparición de humedales y otros ecosistemas, el dióxido de carbono y el calentamiento que los viajes con motivos turísticos producen y otros efectos de cierta entidad enfrentan a la actividad turística con el medio ambiente.

Evidentemente, el turismo no es el único causante de los daños medioambientales, la industria y los modos de consumo en general también lo hacen y en grandes proporciones, pero es el turismo y, sobre todo, su alto ritmo de crecimiento de las últimas décadas lo que le ha convertido en blanco de muchas críticas. Hay que señalar no obstante que también se han desarrollado paralelamente normativas y políticas de buenas prácticas para evitar o minimizar estos efectos. Las certificaciones ambientales en establecimientos y zonas turísticas, así como las normativas restrictivas para evitar estos tipos de efectos son prueba de ello. Especial importancia tiene la introducción de la sostenibilidad en la actividad turística y su gestión, aunque en este caso el alcance se sitúa más allá del medioambiental.

Otro tema a resolver es el enfrentamiento que se ha producido tradicionalmente entre turismo y medio ambiente, tanto en lo administrativo como en lo técnico, cuando de la colaboración de ambas instancias se pueden producir grandes ventajas y sinergias.

Los responsables de medio ambiente han considerado al turismo durante mucho tiempo como algo enormemente destructivo para sus intereses. Recuerdo a un director de un parque natural que ante la pregunta sobre la posibilidad de introducir actividades turísticas en el mismo, respondió "al turismo mejor dejarlo como está" (se refería en el ámbito del sol y de la playa). Lo malo es que en estos enfrentamientos el argumento de los medioambientalistas es la "conservación" y de los promotores de turismo la "creación de riqueza y empleo" y en este aspecto los primeros han llevado casi siempre las de perder.

La fragilidad del espacio rural, y más si tiene algún tipo de protección, implica necesariamente limitar los impactos del turismo, pero eso no quiere decir que no se puedan permitir y promocionar actividades que beneficien económicamente a las poblaciones locales, que se favorezcan la educación sobre el medio y divulguen las excelencias y cualidades de esos lugares favoreciendo su reputación que serviría para atraer nuevos visitantes.

El llamado turismo rural se relaciona directamente con la naturaleza y su buen manejo puede ofrecer oportunidades a estas comunidades que constituyen buena parte de la España vacía.

Por otro lado, temas como el papel del paisaje en el turismo ha irrumpido con fuerza en el campo de la motivación del turismo, abriendo otro tema de diálogo entre el medio natural y las actividades turísticas.

Lo cierto es que en este aspecto, como en otros, es necesario acudir a consensos y planteamientos integrales que permitan el desarrollo de la actividad turística evitando sus perjuicios, o limitándolos lo más posible, siempre bajo la perspectiva de favorecer a las comunidades perceptoras, satisfaciendo al mismo tiempo las expectativas de los posibles visitantes.

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