“Ha llegado esta situación a tal límite que se están produciendo auténticas contradicciones. Mientras que por un lado se pide a los ciudadanos "consumir turismo" para salir del impass, por otro se pide casi un confinamiento”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


15/10/20. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el miedo ante la pandemia y su impacto en el turismo: “Para el caso del turismo, no cabe la menor duda que, aparte de las medidas restrictivas y de movimiento y prevención de contactos, el miedo de...

...la población a contagiarse ha influido directamente primero, en que disminuya esta actividad y luego, en las formas y lugares en que se lleva a cabo”.

Covid y turismo: entre el miedo y la necesidad

Desde que se desató la pandemia del Covid nuestras vidas personales y sociales se han convulsionado, removiendo valores, intereses y perspectivas, todo ello supervisado por algo íntimamente unido al ser humano: el miedo.


El miedo se nos manifiesta en el mismo momento que como seres humanos tenemos conciencia de nuestra debilidad ante las circunstancias de la vida, y, sobre todo, ante la muerte. Como vivir en el miedo es una locura, los hombres hemos inventado numerosas formas, sino de superarlo, por lo menos de vivir de espalda a él. Bien enfrentándonos y  luchando contra él, aquí aparecen los héroes, muchas veces fruto más de la desesperación y necesidad que del valor, y también la aceptación de la realidad y sus amenazas como algo inevitable a lo que debemos de adaptarnos. Por último, están la intervención de seres externos a nosotros, los dioses, que nos garantizan la superación de los males de donde proceden los miedos, fuera del mundo real.

El Covid 19, como pandemia real que es y que amenaza prácticamente a todos los hombres, ha elevado en nuestra sociedad el nivel de temor que se manifiesta de forma diferente según cada persona y sus circunstancias (edad, cultura, renta,...). Para el caso del turismo, no cabe la menor duda que, aparte de las medidas restrictivas y de movimiento y prevención de contactos, el miedo de la población a contagiarse ha influido directamente primero, en que disminuya esta actividad y luego, en las formas y lugares en que se lleva a cabo.

Sin embargo, la necesidad de no debilitar aun más a una economía maltrecha, ha concitado a las fuerzas sociales ya desde la misma desescalada a la recuperación de viajes y estancias vacacionales como modo de apoyar al turismo y todo lo que este significa en nuestro país.

En esta situación hay personas que se niegan prácticamente a salir de su casa, mientras que otras optan por hacer una vida más normal, confiando en la baja tasa de mortalidad, los avances médicos y en las medidas preventivas, especialmente las de autoprotección. Incluso los hay que niegan que tal estado de contagio exista y optan por hacer una vida normal, sin hacer caso a consejos y normativas.

Desde el inicio de la pandemia, los contactos personales han disminuido drásticamente. Las apps de reuniones como Zoom han aumentado, pasó de 10 a 330 millones de suscriptores en un mes y elevó su cotización en bolsa a 48,000 millones de dólares, pero la fractura se reproduce en el interior del mundo digital: mientras que Netflix incorporó 16 millones de nuevos suscriptores en dos meses, Airbnb despidió a la mitad de su personal y admitió que este año sus ingresos serán la mitad que los del año pasado.

Esto está llevando a una “desocialización” de nuestros modos de vida con consecuencias que, por ahora, son económicas, pero que trascenderán a otros órdenes como el social, cultural, incluso sicológico.

Ha llegado esta situación a tal límite que se están produciendo auténticas contradicciones. Mientras que por un lado se pide a los ciudadanos "consumir turismo" para salir del impass, por otro se pide casi un confinamiento. Es más, por ejemplo, cada vez hay menos congresos presenciales (un importante rubro del turismo), menos reuniones, y cierran más bares (primero las barras, que como todos sabemos contagian una barbaridad), o les ponen condiciones incompatibles con el funcionamiento rentable de un negocio.

En el fondo es un dilema tremendo, o se muere infectada el 3% de la población, o de miedo, o se muere de hambre el 20%. Claro, que en este último caso siempre se podría acudir a la economía sumergida o a la pensión del abuelo, aparte de los subsidios y la caridad pública.

Como siempre la imaginación y el sentido común son capaces de resolver los problemas. Un congreso en Jerez ante la disyuntiva de hacerse virtual o presencial, decidieron hacerlo en las dos modalidades, así, por lo menos, cada uno administrará su miedo de moverse a Jerez y los hoteles y la hostelería de la localidad reducirán también su miedo a la ruina.

Esta situación nos lleva a tomar muchas veces decisiones personales y colectivas sobre como superar esta crisis sin comprometer nuestra vida o nuestro bienestar. Para ello necesitamos una buena información sobre el avance de la pandemia y sobre sus repercusiones en la economía y la sociedad en general, pero el problema es que no la tenemos. Por eso aparecen los miedos que no son la mejor manera de tomar decisiones acertadas. Esperemos que pronto aparezca una luz en el fondo del túnel que nos devuelva a nuestra inseguridad habitual.


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