“En las antiguas civilizaciones se tenía por costumbre honrar a la vejez, incluso en muchas sociedades los "consejos de ancianos" detentaban el máximo poder”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor honorario de la Universidad de Málaga


03/12/20. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los mayores: “La funcionalidad de los mayores ha cambiado radicalmente y esto por varias razones. La primera es la no consideración, por no decir desprecio, de la sabiduría y la experiencia como algo...

...positivo. La aparición del conocimiento técnico ha desplazado a otros tipos de conocimientos por considerarlos no productivos, gran error que podremos examinar otro día, de manera que los ‘viejos’ han pasado a ‘no saber nada’”.

Viejos, ¡fuera!

En las antiguas civilizaciones se tenía por costumbre honrar a la vejez, incluso en muchas sociedades los "consejos de ancianos" detentaban el máximo poder y las grandes decisiones estaban de su lado. Estaba claro que el llegar a la vejez implicaba sabiduría y experiencia que bien utilizadas serían el mejor capital social para el grupo y una garantía de que su destino estaba en buenas manos.


No obstante, el porcentaje de personas que llegaban a una edad avanzada era escaso, no solo por las enfermedades existentes y cuya curación se desconocían, sino por la frecuencia de guerras y la escasa calidad de vida de gran parte de la población que afectaba directamente a la salud.

La evolución de los conocimientos sobre las enfermedades, la disponibilidad de alimentos, y de las condiciones de la vida de las personas, así como de sus hábitos alimenticios, han ido alargando lo que se llama esperanza media de vida, de manera que en la actualidad se vive más tiempo y también en mejores condiciones.

Sin embargo, la funcionalidad de los mayores ha cambiado radicalmente y esto por varias razones. La primera es la no consideración, por no decir desprecio, de la sabiduría y la experiencia como algo positivo. La aparición del conocimiento técnico ha desplazado a otros tipos de conocimientos por considerarlos no productivos, gran error que podremos examinar otro día, de manera que los ‘viejos’ han pasado a ‘no saber nada’ y cada vez menos dado la velocidad del cambio de esos conocimientos tecnológicos, y por ello ser inútiles para la sociedad.

Por otro, los grandes aumentos de productividad y la automatización y digitalización de la sociedad, hace más escasos y apetecibles los puestos de trabajo de las personas ‘maduras’, por lo que los jóvenes los consideran como obstáculos a su progreso y nunca como sabios que les ayuden en el mismo.

También hay que tener en cuenta que cada vez hay más personas que llegan a edades avanzadas y que además tienen una vida laboral más corta, lo que, junto a una tasa de natalidad baja, hace que en los países occidentales haya una gran masa de personas mayores, con relativa buena salud, que además cobran pensiones que les permiten tener una cierta calidad de vida.

La llegada de la pandemia también ha afectado este panorama, ya complicado por el peso, cada vez mayor, que suponía el pago de las pensiones actuales y futuras, con las perspectivas demográficas ya apuntadas.

En primer lugar, en España existen más de ocho millones setecientos mil pensionistas, lo que supone un 45% sobre la cifra de ocupados. La pandemia ha bajado por primera vez en muchos años el volumen total del gasto en pensiones ya que el Covid se ha cebado en los grupos de mayor edad, al mismo tiempo que ha rebajado cerca de un año la esperanza media de vida de este país.

Sin embargo, dentro de la confusión y los peligros que la pandemia supone, hay algunas características y comportamientos de este colectivo que no suelen destacarse y que me gustarían apuntar aquí.

En primer lugar, tal como pasó en la anterior crisis, la función que sus ingresos, sobre todo las pensiones, pueden suponer como ‘caja de resistencia’ familiar, incluso en los consumos de ocio, ante los efectos que el Covid19 va a tener sobre empleos, rentas y beneficios.

En segundo lugar, al ser un grupo que mantendrá su poder adquisitivo, y en buena parte será notable, se convertirá en un mercado objetivo para las empresas de ocio (asociaciones de alojamientos ya han pedido que el IMSERSO dure todo el año) y les puede ayudar a salir de su situación de crisis.

Por último, no debería olvidarse que los ‘viejos’ constituyen más de 9 millones de personas con un porcentaje sobre el total del 22%, lo que supone un enorme caladero de votos, que, organizado (recuérdense las panteras grises) pueden ser decisivos para las elecciones de los próximos años.

Por todo lo anterior no se debería olvidar a este segmento de población, ni en lo económico, ni en lo social, ni en lo político. Por lo tanto habría que gritar ¡viejos dentro! y actuar en consecuencia.


Puede leer aquí anteriores artículos de Enrique Torres Bernier