“Yo creo que todavía no es demasiado tarde para construir una utopía que nos permita compartir la tierra”. Gabriel García Márquez

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor honorario de la Universidad de Málaga


10/12/20. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre utopías: “Las grandes utopías de nuestro tiempo han sido, y en parte son aun, el liberalismo, el anarquismo y el comunismo. Aunque puede decirse que todas ellas fracasaron, de una u otra forma,...

...ciertamente no se puede negar que cambiaron profundamente nuestra sociedad, aunque dejaron el amargo sabor de la guerra y la destrucción a lo ancho y largo del planeta”.

La dignidad humana como utopía

La evolución de las sociedades ha estado muy vinculada a la aparición y desarrollo de las utopías sociales. Las utopías existen antes de que les diera nombre y desarrollara Tomás Moro. Realmente las ambiciones de muchos hombres desde su perspectiva individual son utopías o sueños que tratan de hacer realidad durante su vida y que esta misma lleva a  situarlos en sus justos términos.


Siempre se han basado en nobles ideales y principios relacionados con la libertad, la justicia y la bondad, al menos se nos vendieron como tales, aunque su aplicación a la realidad haya resultado ser muy distinta a lo que pretendía.

Hay otras utopías que atañen a territorios y sociedades concretas que pretenden implantar sistemas políticos diferentes en base a hechos diferenciales de cultura o raza. Aquí entran los nacionalismos más o menos recientes, que en muchas ocasiones esconden intereses espurios de las burguesías locales.

En las bases de los grandes imperios de la antigüedad estuvieron también las utopías de construir sociedades en base y a imagen de las metrópolis respectivas, como por ejemplo fue la implantación de la "pax romana".

Las grandes utopías de nuestro tiempo han sido, y en parte son aun, el liberalismo, el anarquismo y el comunismo. Aunque puede decirse que todas ellas fracasaron, de una u otra forma, ciertamente no se puede negar que cambiaron profundamente nuestra sociedad, aunque dejaron el amargo sabor de la guerra y la destrucción a lo ancho y largo del planeta.

Las distopías, sin embargo, son también diseños de una posible organización social pero en negativo y se relacionan con un declive cataclísmico de la propia siciedad. Son sobre todo ejercicios intelectuales que aunque no se hayan llegado a producirse completamente en la realidad, han servido como advertencia sobre lo que se nos puede venir encima cuando se fracasa en la construcción de la utopía. Ejemplos de esto son el Mundo Feliz de Aldus Huley y 1984 de George Orwel.

Si algo se puede sacar en claro es la necesidad que las sociedades humanas tienen de las utopías como proyectos sociales para seguir en su camino hacia adelante, a pesar de que su no realización es inherente a la condición humana.

En los últimos años parece sin embargo que la humanidad ha renunciado a su persecución de las utopías, como si estuviera cansada de mentirse a si misma, o también puede que las utopías se hayan convertido en propuestas más parciales y concretas como la protección del medio ambiente, la igualdad de género o la erradicación del hambre.

La que más aceptación ha tenido es la propuesta de las NNUU sobre los objetivos del desarrollo sostenible que se resumen en erradicar la pobreza en todas sus formas en todo el mundo, poner fin al hambre, conseguir la seguridad alimentaria y una mejor nutrición, y promover la agricultura sostenible, garantizar una vida saludable y promover el bienestar para todos y todas en todas las edades. A su vez esta propuesta o agenda se concreta en 17 objetivos concretos con sus correspondientes índices de cumplimiento. Es evidente que se trata de un proyecto utópico, sobre todo si tenemos en cuenta que está propuesto por las NNUU, organismo que se caracteriza por su ineficacia y nulo carácter ejecutivo, pero se también se diferencia de las grandes utopías del siglo pasado porque son propuestas no sobre el tipo de sistema ni relacionadas con el comportamiento individual, sino sobre aspectos concretos del bienestar que deben de cumplir las naciones.

La que si parece como utopía, aunque no esté estructurada como tal, sino como un movimiento político aparecido en muchos países civilizados, es lo que Zygmunt Bauman llama Retrotopía , bajo la idea no de construir un futuro ideal para los hombres, sino de reproducir en pasado que se nos antoja feliz. la idea de que "cualquiera tiempo pasado fue mejor" expuesta en los versos de Jorge Manrique, parece que reaparece ahora no en el ciclo de la vida humana como era para el poeta, sino para la organización social. Parece que se nos olvida el principio de Heráclito de lo irreproducible de los momentos pasados de la vida.

En mi opinión el reto utópico mayor de la sociedad actual no es otro que el devolver la dignidad al hombre actual, convertido en víctima de todas las mentiras y engaños posibles desde todos los sistemas habidos, y necesitado de cobrar su protagonismo como individuo pensante y como actor social, en una sociedad que solo se guía por el consumismo y por la riqueza, sin más valores que esos. A partir de aquí se podría construir todo lo demás. Aunque eso sea utópico es muy necesario en la sociedad que vivimos si no quiere autodestruirse.


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