“Una persona puede ser un excelente profesional y al mismo tiempo un inadaptado social, un ladrón declarado y un mal esposo o padre. El problema es cuando el primero de los aspectos es tan valorado que eclipsa todos los demás”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor honorario de la Universidad de Málaga


17/12/20. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre Maradona y el reconocimiento social: “En el fondo los juicios que sobre él se vierten tras su muerte, en realidad se hacen sobre una de las perspectivas que de él se han considerado, la profesional, social o...

...familiar, cuando en realidad debería de juzgarse al hombre en su conjunto, de alguien que tenía buenos sentimientos, sin una preparación cultural, al que el éxito superó a sí mismo y lo llevó a explotar en sus más primitivos deseos y sus contradicciones”.

Maradona, dios, demonio, héroe y villano

El hombre, tanto en su vida como individuo y como miembro de la sociedad, tiene comportamientos diferentes que son muchas veces contradictorios, o, al menos así nos lo parecen a los que los conocemos e identificamos fundamentalmente por uno solo de ellos. De hecho la vida consiste en saber gestionarlos de modo coherente conforme a los valores y la razón, siempre teniendo en cuenta sus condiciones naturales.


Hay personas, y Maradona es un caso evidente, que por sus habilidades natas y su propio aprendizaje, llegan a alcanzar altos grados de reconocimiento profesional y social, dando lugar a crear mitos sobre su persona que exceden su ámbito estrictamente personal.

Una persona puede ser un excelente profesional y al mismo tiempo un inadaptado social, un ladrón declarado y un mal esposo o padre. El problema es cuando el primero de los aspectos es tan valorado que eclipsa todos los demás de manera que su proyección social es solo la de su valía personal y profesional.

Por otro lado, las personas tenemos unos condicionantes biológicos que son difíciles de cambiar, aunque, hasta cierto punto podamos dominarlos en base a disciplina y autocontrol. De ahí que se hable de caracteres nerviosos, melancólicos, flemáticos o coléricos, como algo que nos viene dado por los genes y, para algunos, por nuestro periodo de nacimiento (astrología).

Maradona fue una persona con enormes cualidades para el futbol que además cultivó durante muchos años hasta llegar a ser un auténtico artista del balón. Fue una persona que sintió más que razonó, como buen artista, dentro y fuera del campo, identificándose con el pueblo más desprotegido y manifestándolo públicamente en numerosas ocasiones.

Sin embargo, su comportamiento social e individual no estuvo en muchas ocasiones a la altura de su calidad profesional, siendo criticado por ello por unos y disculpado por más, especialmente por sus incondicionales como futbolista argentino.

En el fondo los juicios que sobre él se vierten tras su muerte, en realidad se hacen sobre una de las perspectivas que de él se han considerado, la profesional, social o familiar, cuando en realidad debería de juzgarse al hombre en su conjunto, de alguien que tenía buenos sentimientos, sin una preparación cultural, al que el éxito superó a sí mismo y lo llevó a explotar en sus más primitivos deseos y sus contradicciones, destruyendo su "Areté" personal. Un análisis sereno y documentado nos llevaría a comprender a la persona más que a defenderla o condenarla. Al fin de cuentas, como decía Unamuno, basado en los irónicos franceses, "comprenderlo todo es perdonarlo todo".

De lo que no cabe duda es del magnetismo natural de Maradona, que no dejaba indiferente a nadie y lo llevaba a ser Dios o Demonio según quien lo juzgase y como lo viera, como futbolista, como hombre público o como pareja sentimental.

En el fondo solo fue una persona que no supo conciliar los diferentes papeles que le tocó vivir en la vida. No logró el equilibrio del areté, viviendo en un desequilibrio perpetuo.


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