“El hombre, aunque sea único e indivisible, es un ser eminentemente social que necesita de contacto con los demás ya sea para quererse o para odiarse”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor honorario de la Universidad de Málaga


08/01/21. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los lugares de encuentro: “Hay que recuperar los espacios de encuentro, pero también el hábito de encontrarnos, porque sin encuentros es difícil comprendernos y querernos, y para ello hay que formar...

...parte de la “Resistencia” que tanto defendió Ernesto Sábato”.

Lugares de encuentro

El hombre, aunque sea único e indivisible, es un ser eminentemente social que necesita de contacto con los demás ya sea para quererse o para odiarse, por ello es que precise de lugares de encuentro cuando abandona su madriguera, que van desde el banco del parque hasta los lugares masivos de reunión como estadios, teatros o iglesias.


Yo destaco siempre como mis lugares preferidos los bares y restaurantes y ello por una importantísima razón, en la cultura mediterránea que no tiene entre sus valores ciudadanos la puntualidad (aunque yo la practique), permite un rato de disfrute mientras tu citado dispone de tu tiempo, de este modo no te enfadas con nadie porque sea informal, porque ¿cómo va uno a enfadarse con una cerveza fresquita o un buen Dry Martiny delante?

Sin embargo, como ya escribí en alguna ocasión, casa vez se producen ataques más furibundos contra estos establecimientos y sus instalaciones, ya sean barras o terrazas. Como si ellos tuvieran la culpa de la pandemia y no, el virus mismo y la irresponsabilidad de los mal llamados ciudadanos.

Otro lugar de encuentro, el primigenio, sería la calle y en su más concreta expresión, la plaza, y los jardines. Mi infancia está llena de momentos felices jugando a la pelota en mi calle, o en los jardines de los Patos. La primera invasión radical de nuestras vidas, el coche, nos arrebató estos lugares, o nos los limitó a los jardines y algunas plazas, mejor plazuelas, que por su tamaño o disposición de la autoridad, eran peatonales.

El segundo gran cambio de los puntos de encuentro ha sido lo que ha supuesto la virtualidad de internet y sus complementos, que ha aumentado durante la pandemia de modo exponencial. En este caso no se trata de un espacio físico, aunque si se trata de "resolver problemas" sirve, por lo menos en lo que al teletrabajo se refiere.

Es evidente que si hablamos de largas distancias este tipo de contactos pueden servir de sucedáneo de las relaciones afectivas, tan cierto como que un apretón de manos, un beso o un abrazo no puede ser sustituido por nada.

Parece como si el destino de la humanidad fuera desterrar los afectos de la vida y en esta monstruosa estrategia solo vernos desde lejos, sin sentirnos.

Hay que recuperar los espacios de encuentro, pero también el hábito de encontrarnos, porque sin encuentros es difícil comprendernos y querernos, y para ello hay que formar parte de la “Resistencia” que tanto defendió Ernesto Sábato.

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