“Este ha sido siempre un problema pendiente del turismo español y especialmente en el litoral (turismo de sol y playa) que es el espacio de mayor masificación, aunque también se manifiesta en los espacios urbanos y rurales”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


18/02/21. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los factores de competitividad turística de España, en esta ocasión la estacionalidad: “Las causas de la estacionalidad en turismo son diversas y condicionan la posibilidad de corrección del mismo. Los factores...

...climatológicos son los más condicionantes y de difícil corrección, aunque según la tipología turística que sea, pueden resultar complementarios. El turismo de sol y playa, el más importante en España y en Málaga, está condicionado al clima y parte del año es inexistente”.

Peligros para el turismo a la salida del túnel: Estacionalidad

Un tema que no por reiterado deja de ser importante para la competitividad turística es el de la estacionalidad en turismo que, aunque tenga en muchos casos carácter estructural presenta posibilidades de mejora a aprovechar en la salida del periodo de crisis provocado por la pandemia.


La estacionalidad hace que el "aparato productivo" turístico no funcione en toda su capacidad durante todo el año, lo que se traduce en un lucro cesante mayor o menor según los casos, aparte de problemas en el empleo y la formación.

Esto no se debe contemplar solo desde la perspectiva de la empresa, sino también desde la del destino, aunque es cierto que la estacionalidad favorece a los residentes en cuanto son usuarios de las infraestructuras y servicios públicos destinados a los turistas.

Este ha sido siempre un problema pendiente del turismo español y especialmente en el litoral (turismo de sol y playa) que es el espacio de mayor masificación, aunque también se manifiesta en los espacios urbanos y rurales.

Las causas de la estacionalidad en turismo son diversas y condicionan la posibilidad de corrección del mismo. Los factores climatológicos son los más condicionantes y de difícil corrección, aunque según la tipología turística que sea, pueden resultar complementarios. El turismo de sol y playa, el más importante en España y en Málaga, está condicionado al clima y parte del año es inexistente.

Otro factor condicionante, este de orden socioeconómico es el calendario escolar que afecta principalmente al turismo familiar. A pesar de ello, países como Francia han logrado dotarlo de cierta flexibilidad escalonando las vacaciones según regiones del país. Igual ocurre con la Semana Blanca.

En otros casos la estacionalidad puede venir por el propio producto turístico demandado. Esto ocurre con el turismo de esquí, cinegético o de fiestas mayores (ferias y festivales).

Por último, también hay que tener en cuenta el tipo y la estructura de las empresas como factor que condiciona la estacionalidad, especialmente su estructura de costes y la legislación laboral imperante, de forma que puede hacer más o menos viable mantener los establecimientos abiertos todo el año. No cabe duda que el asentamiento de la figura del fijo discontinuo ha influido en estos planteamientos.

En muchos destinos la falta de conciencia de la sostenibilidad hace que la eliminación de la estacionalidad no sea deseable por lo que supone de presión sobre los recursos naturales de la zona. En este caso lo que habría que plantearse es la disminución de la presión de la demanda, aunque eso suponga reducir la oferta.

Aprovechando el periodo de "interrupción turística" que ha provocado la pandemia, pueden emprenderse políticas y medidas de cara a disminuir la estacionalidad lo que se traduciría en una mayor competitividad de los destinos.

Entre las principales medidas antiestacionalidad que podemos tener en cuenta estarían los turismos complementarios y compensadores.

Si partimos de la idea que la estacionalidad se manifiesta con toda su intensidad en los destinos de turismo de masas y especialmente en el de sol y playa, que es donde los flujos presentan mayores cambios dentro del año a causa de la climatología, motivo de desplazamiento de los viajeros, la primera medida que se les puede ocurrir a los responsables de estos destinos es el fomento durante la temporada baja de otros turismos que por sus peculiaridades y motivaciones no exijan de determinadas condiciones climáticas o que, incluso, sean incompatibles con las atraen a las masas. Además, esos turismos alternativos para que produzcan los efectos deseados deben de usar las instalaciones y servicios (especialmente alojamientos, transportes, restaurantes e instalaciones de ocio) vacantes por la disminución de la demanda de los “otros” turistas.

Dentro de estos turismos alternativos pueden distinguirse dos grupos. Uno, el que se refiere a actividades que son escasamente compatibles con las condiciones que se producen en el destino durante la alta temporada (turismos complementarios). Otro, el de turismos que son “indiferentes” a las condiciones que condicionan la intensidad de los flujos, pero que, debidamente incentivados y gestionados, pueden suavizar las diferencias de flujos de demanda en el tiempo (turismos compensadores).

También se podría acudir a políticas de reducción de costes (exenciones de impuestos y tasa) que permitieran a las empresas mayor capacidad de maniobra para evitar los cierres temporales y de subvenciones a terceros (compañías de bajo coste) de forma que permitiesen reconducir flujos de demanda diversos a los destinos más afectados.

Si la oportunidad que la crisis del coronavirus se aprovecha y logramos disminuir la estacionalidad, sería un gran paso para posicionar empresas y destinos en una situación más competitiva.

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