“Cada vez que tengo ocasión de comprobar el comportamiento de la actividad turística tras la pandemia, me creo menos lo del cambio de modelo”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


21/10/21. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres Bernier, escribe en su colaboración para EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las diferencias que nota en el funcionamiento del mundo del turismo en el antes y en el después de la pandemia. “¿Qué pasará en un futuro inmediato cuando las empresas y destinos...

...eleven sus precios, no ya para elevar su rentabilidad, sino para amortizar la deuda adquirida y aumentar sus estándares de garantía sanitaria y de calidad en general?”.

Destinos, mercados, sostenibilidad e inteligencia

Cada vez que tengo ocasión de comprobar el comportamiento de la actividad turística tras la pandemia, me creo menos lo del cambio de modelo.


Si nos centramos en la oferta sí que podemos observar cambios, unos impulsados por la propia legislación, destinados fundamentalmente a minimizarlos riesgos sanitarios y que son de obligado cumplimiento para las actividades del sector. Otros, más ligados a la solvencia de las empresas y a su productividad, han tenido resultados desiguales y siempre muy ligados a las políticas públicas de apoyo. Así, aquellas medidas orientadas como subvenciones directas o exenciones de impuestos y tasas a las empresas turísticas, han cumplido su fin en el alcance que pudieran tener y siempre que se tratara de empresas “en regla” dentro de la actividad que les correspondiese. Pero estas medidas no han influido apenas sobre el cambio de modelo turístico, sino que han supuesto un “balón de oxígeno” para resistir a la crisis provocada por la pandemia. Otra cosa es que en algún caso hayan servido para poder aplicar fondos propios a temas de modernización y transformación más estructurales.

Por otra parte, las grandes empresas, especialmente de transporte y cadenas hoteleras, han tenido acceso a fondos especiales (por ejemplo SEPI) orientados a sacarlas de situaciones comprometidas, pero que en buena medida pueden haber sido orientados a transformaciones estructurales de cara a los cambios que se avecinan tras la pandemia.

Otro tema son los fondos dedicados directamente a la transformación del modelo productivo, entre los que destacaríamos los cambios tecnológicos (por ejemplo digitalización), medioambientales (ahorro energético) y los referentes a la economía circular. Sobre ellos hay que hacer dos observaciones. La primera, que todos ellos están por encima de la crisis pandémica, es decir, están vinculados a la transformación de la economía en general y a sus tendencias y problemas envolventes (crisis climática, ahorro energético…). En segundo lugar, que se encuadran dentro de políticas estructurales de mediano y largo alcance, vinculadas casi siempre la los programas y fondos europeos, aunque ahora se encuentre vinculados a la crisis del COVIT y a su recuperación.

Desde una perspectiva territorial, estos programas se han vinculado a la recuperación y transformación de los destinos turísticos como tales cuyos resultados están todavía  por ver pero que posiblemente ayuden más a las actividades de apoyo al turismo (infraestructuras y equipamientos generales y específicos para el turismo) que a las actividades de naturaleza turística.

En cuanto a la demanda, es un tema más delicado. De entrada el turista se ha preocupado y seguirá preocupándose por temas sanitarios y de contagio, al menos a corto – medio plazo, pero la realidad, y esto incluye a todo tipo de destinos, costas, ciudades y ámbitos rurales, pero la realidad, al menos en este verano, es que los destinos siguen sometidos a una alta presión de la demanda, es decir están saturados desde el punto de vista territorial y, por lo tanto, con riesgo de difusión pandémica. Es evidente que a esto ha contribuido el deseo contenido de viajar y la contención de precios de las empresas tremendamente necesitadas de clientes que les permitan sobrevivir, pero existe otro tema mucho más estructural: la propia distribución de la oferta alojativa y de acogida en general enormemente concentrada en los destinos tradicionales. Nadie, por ahora se ha atrevido aponer en marcha políticas de “esponjamiento” o simplemente disuasorias para eliminar oferta. Parece ser que han delegado esto al propio mercado, pero parece ser también que la demanda no va a dejar que esto ocurra.

¿Qué pasará en un futuro inmediato cuando las empresas y destinos eleven sus precios, no ya para elevar su rentabilidad, sino para amortizar la deuda adquirida y aumentar sus estándares de garantía sanitaria y de calidad en general? ¿Expulsaremos hacia otros mercados y destinos (piénsese en países emergentes) a los turistas con menor poder adquisitivo y a las empresas inframarginales?. Dar una pronta respuesta a estas preguntas anticipándose a los hechos mediante las medidas de necesarias para mantener la competitividad y la sostenibilidad.

En resumen podríamos decir que si realmente se va a un cambio de modelo turístico después de la pandemia, será a largo plazo e impulsado por políticas públicas de apoyo y regulación, no por cambios en las valoraciones de los turistas, que, aun existiendo, no tienen suficiente fuerza como para cambiar las tendencias de mercado respecto a precios y condiciones.

Puede leer aquí anteriores artículos de Enrique Torres Bernier