“Las personas “mayores” nos encontramos ante la realidad del tiempo escaso que nos queda por vivir por lo que miramos este con la avaricia del niño a los últimos dulces de su bolsa”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


07/04/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre saber vivir la vejez: “El jubilado, en su gran proporción desarrolla su tiempo, mayormente libre, bajo otras coordenadas, y aunque no está exento de las tentaciones consumistas, se entrega...

...sobre todo a aquello que le es placentero, ya sean relaciones sociales y familiares, ya aficiones o trabajos no remunerados”.

El arte de la vejez (II)

“El arte de la vejez es arreglárselas para terminar como los grandes ríos, serena, sabiamente, en un estuario que se dilata y donde las aguas dulces empiezan a sentir la sal y las saladas un poco de dulzura. Y cuando te das cuenta, ya no eres río sino océano”
José Luis Sampedro

De nuevo vuelvo a este tema, seguramente por lo que me toca, pero también por lo que de irresuelto tiene para las sociedades más avanzadas, o que se creen avanzadas en conocimientos y sistemas de vida. El grupo de edades en formación se ha vuelto cada vez más amplio, al aparecer la innovación y la aplicación de las nuevas tecnologías como factores de inseguridad laboral que nos obligan a un permanente esfuerzo formativo, incluso fuera de los horarios de trabajo, convirtiéndose en un esfuerzo laboral no retribuido, o si se prefiere en una garantía de nuestro puesto de trabajo.

Sin embargo, la edad de jubilación debería ser una edad de ocio, aunque contrariamente a la edad natural, según nuestros antiguos preceptores (sin duda imbuidos de ideas protestantes, aunque ellos no lo supieran) «La ociosidad es la madre de todos los vicios», hecho que no solo es falso, basta echar un vistazo a las conversaciones camaldulensis, sino que casi puede ser lo contrario, el ocio, entendido en su veraz significado en origen de muchas virtudes. De hecho, como dice Beltrand Roussell, “creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado”. A pesar de estas brillantes ideas, la sociedad sigue entregándose al suicidio del trabajo de una forma obsesiva, inhumana diría, bajo el dictado de la zanahoria del bienestar que sustituye el tiempo de no trabajo, por de consumo compulsivo.


El jubilado, en su gran proporción desarrolla su tiempo, mayormente libre, bajo otras coordenadas, y aunque no está exento de las tentaciones consumistas, se entrega sobre todo a aquello que le es placentero, ya sean relaciones sociales y familiares, ya aficiones o trabajos no remunerados. Hay algo, sin embargo, que se suele olvidar, y es que las personas “mayores” nos encontramos ante la realidad del tiempo escaso que nos queda por vivir por lo que miramos este con la avaricia del niño a los últimos dulces de su bolsa, como decía el poeta y músico portugués Mario de Andrade.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada; ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido; ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades; no quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados; no tolero a maniobreros y ventajeros; me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros; detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo; las personas no discuten contenidos, apenas los títulos, mi tiempo es escaso como para discutir títulos; quiero la esencia, mi alma tiene prisa… estoy ya sin muchas golosinas en el paquete… Como también decía Séneca, se puede pasar mucho tiempo en la tierra, pero poco tiempo viviendo de verdad, y cuanto llegamos a la vejez debemos estar preocupados por el tiempo que nos queda por el que no hemos vivido.

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