“Es verdad que momentos o experiencias críticas en nuestra vida pueden hacernos cambiar el modo de ver la realidad, ¿pero es posible también que afecten a nuestros valores fundamentales?”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


19/05/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los cambios en tus ideales: “El transitar desde unos valores permanentes por estos espacios lo considero normal. Lo que no lo es tanto ocurre cuando uno cambia los valores por otros,...

...incluso los contrarios. Esto indica una inmadurez de espíritu o pasar por experiencias traumáticas en la vida”.

El escepticismo y la edad

Dicen muchos que el escepticismo es una enfermedad de la vejez, un achaque de los últimos días, una esclerosis de la voluntad.


Es cierto que con el paso del tiempo las actitudes ante la vida de las personas cambian, normalmente nos volvemos más moderados, incluso para algunos realistas. Las razones de que esto ocurra pueden ser diversas, desde las vivencias personales que uno ha tenido en la vida, donde intervienen vivamente desilusiones y fracasos, hasta el hecho de encontrarnos en un etapa de nuestra vida en que se renuncia a grandes proyectos e ideales, para limitarse a proyectos más concretos realizables en el plazo de vida que a uno le queda.

Pero hay otro tema que me produce mayor curiosidad. Incluso perplejidad. Cómo con el tiempo las personas pueden cambiar sus posturas políticas, incluso ideológicas. ¿A qué se deben esos cambios?, ¿tan equivocados estábamos en nuestra juventud que al llegar a cierta edad nos hemos dado cuenta lo errados que estábamos, como si de una revelación pauliana se tratara? ¿Con la caída del caballo nos dimos un golpe en la cabeza que nos cambió el modo de pensar, incluso los valores?

Es verdad que momentos o experiencias críticas en nuestra vida pueden hacernos cambiar el modo de ver la realidad, ¿pero es posible también que afecten a nuestros valores fundamentales? Los valores que subyacen tras una ideología, como el amor, son inexplicables para la razón, son una cuestión de fe. ¿Cómo entonces se puede cambiar tan fácilmente y de repente? En el terreno de la política donde esos cambios son tan frecuentes, es relativamente fácil de entender, pues se trata de intereses personales o de partido, tácticas, por muy inmorales que sean, para lograr nuestra estrategia, pero en otros ámbitos tienen explicaciones más complejas. Conozco a cierta persona en Málaga, símbolo en tiempos de Franco de la izquierda más radical, que ahora va a los mítines VOX. ¿Cómo ha ocurrido, de qué manera ha trasmutado su manera de pensar hasta llegar a la contraria de lo que era?


Sin embargo, también podríamos preguntarnos por lo contrario, ¿cómo es posible que una persona durante todo su vida defienda una postura política o ideológica permanentemente, sin reconsiderar siquiera a la luz de su propia experiencia y de la colectiva, posibles cambios a considerar en la misma? Es evidente que se trata de personas que mantienen en su vida una alta coherencia con sus principios y son normalmente de admirar. Chomsky, Saramago o Anguita, se encuentran en este grupo. Pero, ¿es normal que a la luz de la experiencia y la acumulación de los conocimientos, no cambiar en mucho o en poco, las ideas y creencia de partida?

Estos son hombres de fe, sin duda, aunque su religión esté en las antípodas de las tradicionales. Ellos han sido capaces de crear revoluciones y provocar guerras, porque sus hechos, consecuentes con sus ideas, han estado siempre cargados de agresividad respecto a los contrarios. Sin embargo creo que parte de la explicación de estas contradicciones pueden explicarse si distinguimos entre valores ideológicos y posturas prácticas, o políticas si se prefiere. Un valor como la democracia puede defenderse y practicarse durante toda la vida, aun desde diferentes posturas políticas. Otros como la solidaridad entre los humanos aun teniendo un margen más estrecho, también tiene cierto recorrido, especialmente entre la “izquierda”, incluso incluyendo la social democracia y el cristianismo humanista. El transitar desde unos valores permanentes por estos espacios lo considero normal. Lo que no lo es tanto ocurre cuando uno cambia los valores por otros, incluso los contrarios. Esto indica una inmadurez de espíritu o pasar por experiencias traumáticas en la vida. Como en la fe, la mayor tragedia no es tenerla o no, sino perderla cuando se tiene y sustituirla por otra.

Lo cierto es que el hombre que descansa cuando encuentra “valores absolutos” tiene capacidad de evolucionar a posturas y soluciones diferentes y en eso está su capacidad de adaptación y de comprensión con los demás y con el mundo que le rodea.

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