“Los nacionalismos han dado lugar a estos conceptos de patrias, más vinculados a los sentimientos de superioridad diferencial que a otra cosa, y que han dado y siguen dando origen a guerras y conflictos permanentes”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


26/05/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la patria: “Estamos volviendo de nuevo a invocaciones nacionalistas que solo llevan a enfrentamientos y a reinventar historias que nada o poco tienen que ver con análisis rigurosos de los hechos...

...y destinadas a conformar a los que se inventan una patria como instrumento en contra de otra”.

La patria

“La Patria! ¿La patria de quién? Habían llegado por millones de las cuevas de España, de las miserables aldeas de Italia, de los Pirineos. Parias de todos los confines del mundo, hacinados en las bodegas pero soñando: allá les espera la libertad, ahora no serán más bestias de carga. ¡América!
El país mítico donde el dinero se encontraba tirado por las calles. Y luego el trabajo duro, los salarios miserables, las jornadas de doce y catorce horas. Ésa había sido finalmente la verdadera América para la inmensa mayoría: miseria y lágrimas, humillación y dolor, añoranza y nostalgia.
Como niños engañados con cuentos de hadas y llevados a la esclavitud. Y entonces ellos, o sus hijos, dirigían sus miradas a otra utopías, a tierras futuras de las que hablaban libros violentos y a la vez llenos de ternura por ellos, por los miserables; libros que les hablaban de tierra y libertad, y los empujaban a la revuelta”.
Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas

Es evidente que las personas tenemos como resultado de nuestra propia vida unas señas de pertenencia que, luego, las transformamos, o nos la transforman, en señas de identidad. Es decir, nos identificamos con unas costumbres y hábitos, con formas de vestir y de comer, incluso de hablar y los fijamos en un territorio.

Lo que llamamos “estado nacional” es una consecuencia de la evolución francesa, cuando la burguesía necesita de una identificación de determinados territorios históricos con una estructura de poder pública que defienda sus intereses. De ese nexo entre comunidad y territorio nace el estado nacional, que da base al concepto de “patria” como máxima expresión de la identidad de un grupo de personas con un territorio. Es evidente que en este proceso no es uniforme y que depende de muchas variables. En primer lugar de la homogeneidad cultural de los pueblos que conformen el territorio que puede ser mayor o menor según su formación histórica, lo mismo que sus costumbres y hábitos culturales. De hecho nuestro país es una prueba evidente de ello.


De otro lado, el afán expansionista de los pueblos, luego naciones, ha hecho que estas divisiones sean cambiantes y ha ayudado a la afirmación de los hechos diferenciales de aquellos que se han visto, de algún modo, absorbidos por los vecinos más poderosos y ambiciosos. Toda la Europa central ha sufrido de procesos similares y sus consecuencias aun están presentes.

Los nacionalismos han dado lugar a estos conceptos de patrias, más vinculados a los sentimientos de superioridad diferencial que a otra cosa, y que han dado y siguen dando origen a guerras y conflictos permanentes. Estamos volviendo de nuevo a invocaciones nacionalistas que solo llevan a enfrentamientos y a reinventar historias que nada o poco tienen que ver con análisis rigurosos de los hechos y destinadas a conformar a los que se inventan una patria como instrumento en contra de otra.

Ante esta situación a uno le entran ganas de ser “apátrida” en el más literal sentido del término. Quedaros con vuestras patrias de charanga y pandereta, que yo con la mía, con sus señas de identidad y con un buen sentido de la solidaridad y la tolerancia, tengo más que de sobra para vivir tranquilo y en buena armonía con los míos y los de enfrente.

Puede leer aquí anteriores artículos de Enrique Torres Bernier