“Estos puestos de trabajo se han considerado siempre como mano de obra no cualificada, por lo que no solo ha tenido una baja retribución, sino que se ha considerado que “cualquiera” servía para el puesto”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


22/06/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la falta de camareros, y propone “una subida salarial y mejora de las condiciones de trabajo para estas personas, y con una visión temporal más larga, una reforma estructural de estas actividades...

...que permitan disminuir la temporalidad y aumentar la productividad empresarial para absorber los aumentos salariales, aparte de posibles subidas de precios, siempre limitadas por la competencia”.

La rebelión de los camareros

Hace ya unos meses se viene advirtiendo en la prensa especializada y no especializada la carencia de camareros para cubrir las plazas que la hostelería demanda de cara a la temporada alta. Esto causa sorpresa en un país que vive en buena medida, desde hace muchos años, de la actividad turística. ¿A que se debe esta falta de profesionales en el mercado? Vamos a intentar analizar lo que para mi son las causas más importantes de esta carencia.


En primer lugar, estos puestos de trabajo se han considerado siempre como mano de obra no cualificada, por lo que no solo ha tenido una baja retribución, sino que se ha considerado que “cualquiera” servía para el puesto y como el paro en este país puede considerarse crónico, no se debía plantear como problema cubrir los puestos de trabajo que hicieran falta. Primer error, esto pudiera tener cierto sentido si los clientes (la demanda) no fuera cada vez más exigente, si el conocimiento de otros idiomas fuese moneda corriente entre la población española y si la amabilidad y empatía no estuvieran disminuyendo cada día más, aparte del cada vez mayor impacto de las nuevas tecnologías en los niveles más básicos de esta actividad. Pero no, los clientes exigen cada vez más calidad en la atención, si en esta actividad el “front office” no necesitara conocimientos y actitudes específicas y si la aplicación de nuevas tecnologías no impusiera el uso de conocimientos específicos no siempre al alcance de todos.

Por otro lado, la temporalidad ha sido característica común a este tipo de puestos de trabajo, sujetos a los “picos de demanda”, ya sea fines de semana o meses de verano. Esto tiene una consecuencia importante sobre los trabajadores y es que no apuestan por la actividad como futuro profesional, por lo que no procuran su formación permanente, sino como un empleo temporal compartiéndolo con otras ocupaciones. Esto va en contra de la profesionalidad y al mismo tiempo justifica, al menos para los empleadores, menores retribuciones y peores condiciones de trabajo.


Esta temporalidad ha sido muy corriente en los lugares de desarrollo turístico como la Costa del Sol. En muchas ocasiones, y esto ocurre también en la propia ciudad de Málaga en los bares de copas, estos puestos se cubrían con estudiantes que cumplían con el tema de los idiomas y del buen trato al cliente por su propia educación, y solo pretendían tener unos ingresos extra para sus gastos.

Este “sistema en equilibrio” se ha roto en los últimos años por la presión de los empresarios sobre los salarios y las condiciones laborales, especialmente en más horas trabajadas que las contratadas, y su retribución, por la negativa a esta explotación encubierta por parte de los trabajadores, aparte de la mayor dedicación a los estudios de los que cursan algún grado o especialidades.

¿Qué salida hay a esta situación? Es evidente que de entrada y a corto plazo, una subida salarial y mejora de las condiciones de trabajo para estas personas, y con una visión temporal más larga, una reforma estructural de estas actividades que permitan disminuir la temporalidad y aumentar la productividad empresarial para absorber los aumentos salariales, aparte de posibles subidas de precios, siempre limitadas por la competencia. También una mayor atención a la formación en los niveles básicos de la hostelería, y contemplar a posibilidad de los rangos de competencias de los diferentes perfiles y puestos de trabajo, de manera que puedan ejercer diversas funciones sin acudir a ampliaciones de plantilla, aunque reconociendo salarialmente esta ampliación de sus ocupaciones.

No hace mucho un empresario decía que estas subidas de salarios harían que muchos establecimientos echaran el cierre, olvidándose que en economía no es el mercado el que debe de adaptarse a las empresas, sino las empresas al mercado, donde opera, con todas las limitaciones ya habituales, la oferta y la demanda de bienes y servicios.

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