“No está el mundo para ser optimistas, pero debemos imponernos la voluntad de serlo, ya que es el único camino para legar al futuro y conocer tiempos mejores”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


23/06/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el optimismo: “El hombre, que ha cometido a lo largo de la historia enormes atrocidades, también ha conseguido salir en muchas ocasiones de situaciones de desastre, ya sean provocadas...

...por el mismo, o por elementos naturales. La voluntad de salir de los atolladeros y desgracias es la palanca que le salva y le garantiza la supervivencia”.

Un mundo a la deriva

“El optimismo de la voluntad debe oponerse al pesimismo de la inteligencia”
Gramsci

En un mundo a la deriva, con multitud de malas perspectivas en muchos campos, guerras, clima, inflación, violencia, droga,… hay que confesar que es difícil ser optimista. Realmente hay que hacer un gran esfuerzo de voluntad para vislumbrar entre las tinieblas en que vivimos un futuro mejor.

Hay personas que son optimistas por naturaleza, que ven el vaso medio lleno en vez de medio vacío, pero si reflexionamos cualquier aproximación a la realidad con un mínimo de objetividad no da pie al optimismo. Esta se encuentra más cerca de la fe que del cálculo o de los modelos predictivos. Sin embargo, creo que tenemos la obligación de ser optimistas, porque en esa voluntad del optimismo se encuentra la misma salvación.

El hombre, que ha cometido a lo largo de la historia enormes atrocidades, también ha conseguido salir en muchas ocasiones de situaciones de desastre, ya sean provocadas por el mismo, o por elementos naturales. La voluntad de salir de los atolladeros y desgracias es la palanca que le salva y le garantiza la supervivencia.


Lo peor es que siempre ha tenido soluciones para los problemas que se le presentan e instrumentos para solventarlos, o, al menos atenuarlos. Si pensamos en un tema como el cambio climático y sus diversas consecuencias, no se puede decir que no se haya advertido  o que se desconozcan las causas que lo provocan. Tan solo ignoramos, aunque cada vez menos, los puntos críticos y la celeridad de los cambios. A pesar de toda la retórica y las declaraciones institucionales, la situación climática se vuelve cada vez más riesgosa y las visiones cortoplacistas se siguen imponiendo en el día a día. La ONU y la UE elaboran planes con metas concretas, pero en muchos casos tiene que retrasarse o no llegan a cumplirse en su integridad. Es cierto que para los hombres las consecuencias sobre el futuro de sus propias acciones tienen una importancia relativa, sobre todo si ese futuro se sitúa fuera de nuestro horizonte vital (por ahora nuestros nietos). Es difícil “sentir” los avatares de personas que ni siquiera vamos a conocer, pero también lo es conocer los valores y conocimientos que estos tendrán en el momento que le explote el problema ahora naciente, entre las manos.

El otro gran factor para el pesimismo es la guerra. No tanto las “guerras controladas” que siempre han existido, para servicio u utilidad de las grandes potencias, sino las de nuevo planteamiento como la emprendida por una Rusia enloquecida y Ucrania. Este tema, que tiene para varios artículos, va a influir en otros como el hambre en el mundo, la energía, los movimientos migratorios y en general los desequilibrios provocados en un orden internacional con la aparición de posturas radicales, muchas de ellas fuera de bases ideológicas.

Otros problemas actuales vienen de nuestra propia condición de humanos y del tipo de vida que se nos ha impuesto regido por el materialismo y el consumismo que conlleva. Esto nos acerca también al abismo, pero no al social, sino al individual, al personal, provocado por nuestras propias angustias y depresiones, como es el caso de los suicidios, cada vez más abundantes, especialmente entre adolescentes.

Es evidente que no está el mundo para ser optimistas, pero debemos imponernos la voluntad de serlo, ya que es el único camino para legar al futuro y conocer tiempos mejores.

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