“La realidad es que personas desinteresadas hay pocas, incluso aquellos que ayudan por que obedecen preceptos religiosos lo hacen esperando una recompensa en el otro mundo”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


30/06/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre estar agradecido: “El hombre no ha nacido para estar solo y en ese “acompañamiento” crea unas obligaciones de ayuda que tienen consecuencias posteriores, en muchos casos negativas,...

...que otros traducen en “desagradecimientos”, con los consecuentes conflictos entre los componentes de la familia o de los parientes”.

De desagradecidos está el mundo lleno

“Bienaventurado el que no espera gratitud por lo que hace,
porque nunca será defraudado”
W.C. Bennet

Esta frase se oye con frecuencia, sobre todo cuando el interesado en que le muestren agradecimiento es el que la dice. Es verdad que estamos en un mundo cada vez más materialista y que no tenemos mucho interés en el bienestar de los demás y que el ideal cristiano de entrega no pasa por sus mejores momentos. Pero, ¿realmente buscamos algo cuando favorecemos a alguien?, o es por puro principio de ayudar a los demás incluso a alguien en concreto.

La realidad es que personas desinteresadas hay pocas, incluso aquellos que ayudan por que obedecen preceptos religiosos lo hacen esperando una recompensa en el otro mundo, o incluso, por lo menos en no reencarnarse en gusano o salamandra. El ayudar a otra persona debe de surgir de la propia conciencia como principio de comportamiento respecto a tus semejantes, como un deber para con la humanidad como colectivo que sufre en muchas ocasiones y necesita de socorro.

Por otro lado, este vínculo de ayuda también puede darse entre familias y parejas, pero en este caso no solo viene del principio aludido sino de la propia estructura social basada en unidades nucleares como la familia y en redes de proximidad. El hombre no ha nacido para estar solo y en ese “acompañamiento” crea unas obligaciones de ayuda que tienen consecuencias posteriores, en muchos casos negativas, que otros traducen en “desagradecimientos”, con los consecuentes conflictos entre los componentes de la familia o de los parientes.


Se suele decir también que “mejor es estar solo que mal acompañado”. Lo que ocurre es que los vínculos de sangre exigen comportamientos (de gratitud entre otros) que no siempre se está dispuesto a tener. La amistad es elegida, la familia no, excepto en el caso de la pareja y aun así, también uno se equivoca, o cambia de opinión, que es una forma de equivocarse o, si se prefiere, de encontrar otra opción más válida.

El hombre, además, en muchas ocasiones se siente agradecido a la vida, y, sobre todo, no quiere estar solo, por lo que el sentirse rodeado de gentes que le acompañan en el camino le produce sensaciones de agradecimiento. Una de las frases más pronunciadas en esta vida es “muchas gracias”. Alguna vez me he planteado porque le doy gracias al camarero por servirme una cerveza y creo que es simplemente por estar ahí, por acompañarme en la vida con su trabajo y darme la oportunidad de sentirme parte de la vida en común. A esa persona, como a la cajera del supermercado, al taxista que nos lleva a alguna parte, al panadero que nos despacha… , si además lo hace bien, se lo agradecemos, sin necesidad de que nos esté agradecida, aunque muchos lo están porque somos la base de su trabajo.

Creo que en el fondo debemos estar agradecidos a la vida como proclama la letra de la emotiva canción de Violeta Parra, a pesar de que luego se terminara suicidando, pero al menos reconoció que antes la vida “le había dado tanto”.

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