“Hoy en día existen muchos profesores, pero cada vez menos maestros, por lo que el futuro de las personas y de las sociedades en que estas viven, al menos esa es mi opinión, es poco halagüeño”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


22/09/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre el ‘oficio’ de la enseñanza: “Pero para ser maestro se necesita también algo muy especial, la capacidad de saber poner su dimensión humana a la altura y al servicio del alumno, solo así...

...se puede dar la trasmisión de ideas que lleva a tomar el camino adecuado”.

De la enseñanza y la vida

“De nosotros fue de quien aprendieron el secreto de la vida: hacerse viejo sin hacerse mejor (los profesores) no hemos hecho nada más que envejecer un poco, seguir contando los mismos chistes, pensar en las mismas cosas, suspirar por lo mismo. Año tras año,… seguimos iguales, ni más listos ni mejores”
John Le Carré
Asesinato de calidad

La enseñanza es uno de los “oficios”, o tal vez habría que decir arte, que existen en la sociedad de más difícil comprensión y desarrollo. Porque si algo hay claro es que ser maestro es mucho más que ser trasmisor de conocimientos y habilidades.

El maestro es un orientador de futuros, un hombre cuya misión es sembrar inquietudes e intuir cuales son las semillas a sembrar. Muchos grandes hombres cuando estaban en la plenitud de su obra, han vuelto la vista atrás y han recordado a aquel maestro que en un momento vio en él sus posibilidades y le animó a desarrollarlas.

Otro factor que debe tener un profesor para ser maestro es el inculcar a sus alumnos un espíritu crítico ante la vida, no conformándose con lo que esta les presenta, sabiendo mirar más allá de lo que ven. En este sentido el maestro es un “rebelde” que trasmite rebeldía, porque solo en ella está la mejora individual y social de los hombres.


Pero para ser maestro se necesita también algo muy especial, la capacidad de saber poner su dimensión humana a la altura y al servicio del alumno, solo así se puede dar la trasmisión de ideas que lleva a tomar el camino adecuado. Es esa dimensión humana la que permite operar el milagro de la fe en la otra persona, en que esta se convierta en un ejemplo y en una guía. Porque el maestro se da entero al alumno, dejando lo demás en un plano secundario.

Los métodos actuales de enseñanza olvidan este hecho que se vuelve fundamental si lo que queremos es formar personas que se respeten a sí mismas y a los demás. Por ello que muchos profesores serán capaces de trasmitir conocimientos, habilidades y destrezas, pero pocas actitudes, y menos ser también trasmisores de valores que aproximen a sus alumnos a la dignidad de ser humanos.

Hoy en día existen muchos profesores, pero cada vez menos maestros, por lo que el futuro de las personas y de las sociedades en que estas viven, al menos esa es mi opinión, es poco halagüeño, sobre todo en un mundo caracterizado por la inestabilidad y la falta de ética, materializado e insolidario.

Para mí,  la palabra maestro es el mejor halago que puede hacerse a un profesor.

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