“Las administraciones asisten como actores pasivos, cuando no como agentes colaboradores, a la expansión de estos procesos de desposesión”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


28/09/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los bienes comunes: “La sociedad capitalista de consumo de masas ha llevado a una intensificación del uso de los recursos incluso hasta el extremo de hacer peligrar por agotamiento,...

...la existencia de muchos ellos y el propio equilibrio ecológico del planeta”.

La desposesión de los bienes comunes como un robo social

Nos enfrentamos ahora a la tragedia de los comunes globales. Hay una Tierra, una atmósfera, una fuente de agua y seis mil millones de personas compartiéndolas. Los ricos están sobreconsumiendo y los pobres esperan impacientes a unírseles.
Barry Schwartz

Desde el inicio de la economía como actividad objeto de análisis científico hubo una preocupación, que se ha extendido a lo largo de su historia sobre como clasificar los recursos y los bienes en relación con su utilidad para el hombre.

En todas ellas se situó en primer lugar una serie de bienes que se calificaron como “libres”, es decir que están a disposición de cualquiera que desee usarlos sin cortapisa alguna. Entre ellos siempre figuró el aire y el agua, aunque en la sociedad actual también podríamos incluir otros, como la información en sus aspectos más generales, por el acceso a internet prácticamente de cualquiera que lo desee.

Sin embargo, si hay algo claro es que esa disponibilidad de disposición está relacionada directamente de la escasez o abundancia del bien en cuestión, lo cual a su vez depende de un conjunto complejo de factores y, también, del momento histórico que consideremos.

El reconocimiento de la propiedad privada y pública sobre estos recursos y bienes es fundamental para entender la organización de nuestra sociedad y su evolución. Los bienes de libre disposición no interesa su “posesión” puesto que no suponen una fuente de riqueza para los privados, aunque para su conservación y evitar su deterioro las administraciones públicas deberían regular su uso, incluso protegerlos para evitar su deterioro.


La sociedad capitalista de consumo de masas ha llevado a una intensificación del uso de los recursos incluso hasta el extremo de hacer peligrar por agotamiento, la existencia de muchos ellos y el propio equilibrio ecológico del planeta. Esto lleva a una cada vez mayor tendencia a la privatización que permita desde la posición de propietarios, mantener las tasas de beneficio existentes. De hecho un bien de precio simbólico como el agua está encareciéndose, sobre todo la dedicada al consumo humano, de manera que también está generando luchas por su apropiación para su uso ya sea para consumo o la producción.

Otros bienes libres, o que podríamos calificar casi libres por su acceso y su carácter público que están sufriendo la embestida del capital para su explotación, especialmente y de modo muy sutil mediante el turismo, son los culturales, que van desde el paisaje, urbano y rural, hasta las fiestas populares y las manifestaciones artísticas. La exclusión de los propios oferentes, que son los creadores de estos recursos, hasta la necesidad de pagar por ellos excluyéndolos de su pleno disfrute, suponen una apropiación de los mismos, de la cual viene como consecuencia directa su deterioro o degeneración.

Las administraciones asisten como actores pasivos, cuando no como agentes colaboradores, a la expansión de estos procesos de desposesión, siendo solamente la sociedad civil y ciertas minorías de lo que está ocurriendo, los que tratan de frenar estos expolios, aunque difícilmente lo logran, ya que las propias masas de consumidores quieren su “parte del pastel” en esta orgía de consumismo (canibalismo podríamos decir) de recursos, antes libres y ahora secuestrados.

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