“Dentro de poco nos haremos amigos de un algoritmo o de un avatar, completando así la deshumanización de la sociedad y aumentando la posibilidad de ser manipulados por terceros”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


13/10/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre los valores: “Vivimos, sin duda, en una sociedad de necios, ya que a las personas se les tasa por lo que rinden económicamente, otros temas como la amistad, la lealtad, la ética o...

...su solidaridad y de la justicia se orillan en ese cómputo. En esa comparación entre valor y precio queda claro que en el precio no entran los valores”.

Es de necios confundir valor y precio

"La sociedad de masas convierte al hombre en una mercancía. Su valor en cuanto persona radica en su carácter vendible y no en sus cualidades humanas de amor y razón o sus capacidades artísticas... El trabajo alienante influye en la amistad, en el concepto de justicia y en el de la verdad... Temo que la gente se esté volviendo indiferente al prójimo; si todos son mercancías, no hay nada que los diferencie de las cosas".
Eric Fromm (1900-1980), "Psicoanálisis de la sociedad contemporánea"

El hombre objeto, o, perdón, la persona objeto, preside las principales áreas de nuestra vida, principalmente la económica. El tratar el trabajo como una mercancía lleva a considerar a la persona como tal. Incluso en otros ámbitos como el de las relaciones humanas y sociales, las personas se “cosifican”. El “tanto tienes tanto vales” se transforma ahora en “tantos seguidores tienes en las redes, tanto vales”. La persona en la red es una “cosa”, de hecho en muchas ocasiones no es una persona, solo un “perfil”, que a su vez se construye con diversos elementos, como, en primer lugar una imagen, más persona–objeto aun, y unos referentes externos con identificaciones de tendencias o estereotipos, que lean a filias y fobias.

En esta “cosificación” de la persona hay enormes oportunidades para la falsedad y la mentira. No entiendo como se puede hablar de la existencia de “amigos” en internet cuando muchas veces se trata de “ajustes de perfiles” que no tienen por qué ser verdaderos, ya que en muchas ocasiones no representan el “como soy” sino como quisiera yo ser o que me vieran. Es cierto que en los contactos personales o “vis a vis” también puede uno representar lo que no se es, pero resulta bastante más difícil, a no ser que se trate de un virtuoso de la mentira y de la simulación.

Dentro de poco nos haremos amigos de un algoritmo o de un avatar, completando así la deshumanización de la sociedad y aumentando la posibilidad de ser manipulados por terceros.

Si, como dice el refrán, es de necios confundir valor y precio, vivimos, sin duda, en una sociedad de necios, ya que a las personas se les tasa por lo que rinden económicamente, otros temas como la amistad, la lealtad, la ética o su solidaridad y de la justicia se orillan en ese cómputo. En esa comparación entre valor y precio queda claro que en el precio no entran los valores. Lo peor es que por ese camino, se va a la destrucción del hombre como individuo y de la sociedad de que forma parte.


Además, como apunta Eric Fromm, el trabajo se vuelve alienante, se deshumaniza, lo que lleva a la frustración de las personas, lo que reduce a que sea el tiempo libre donde se puedan practicar los “valores” y ejercer la libertad creativa. Sin embargo, también ese tiempo libre está amenazado por el consumismo, donde también se refleja el “precio” de los hombres como retribución de su trabajo. De esta manera el hombre dedica su vida, no solo a tratar de aumentar constantemente su “precio”, sino también a olvidar su “valor” en función del anterior objetivo.

Al final terminaremos siendo hombres deshumanizados, porque perderemos la esencia de nuestro ser para terminar siendo hombres “cosificados”, con una etiqueta en la que figure nuestro “precio” para saber lo que valemos en el mercado, con factores correctores, según la edad, las cargas familiares, la capacidad de ilusionarse y la codicia, que podamos desarrollar, que esto es bueno para el precio y entierra los valores humanos que aun puedan quedarnos.

En resumen, que este mundo cada vez se me parece más a un montón de… desesperanza.

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