“El mundo de hoy está lleno de expertos, que, para mí son personas que saben tanto de una parcela determinada que no saben nada de todo lo demás, y eso es muy peligroso”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


20/10/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre lo más inteligente que se puede hacer en esta vida: “Lo primero que se me ocurre es que una persona inteligente procurará siempre tener una buena calidad de vida, tanto para él como...

...para sus seres queridos con un horizonte temporal de cinco generaciones, de abuelos a nietos”.

¿Qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?

"En principio yo le diría: irse a una playa. Pero en el fondo, de verdad, tengo que decirle que salir de esta especie de laberinto en que nos han metido, una vida que no es la nuestra y que no es la mandada. Que es una organización que necesita esclavos para seguir manteniendo la pura organización que necesita esclavos, y así hasta el final. Salirse de esa cadena terrible, desencadenarse. A riesgo de la soledad, a riesgo de la falta de comprensión, pero irse un poco al campo, en el mejor de los sentidos. Salir de esa extraña y monótona esclavitud de cada día. Darle a cada día su propio afán, pero también su propia sonrisa, su propio gozo, su propio color, su propio aroma. Eso es la inteligencia. Porque una inteligencia que no nos ayude a vivir, no la quiero. No me sirve para nada. No creo que le sirva para nada a nadie".
Antonio Gala

Esta pregunta que a su vez nos llevaría a otras como, qué consideramos inteligencia y a que momento de la vida nos estamos refiriendo, merece ciertas observaciones. La primera es la edad de la persona cuestionada, que mínimamente podríamos dividir, en jóvenes, personas en desarrollo y ancianos. También deberíamos suponer la hipótesis de que la persona piensa pasar por estas tres etapas. Alguien que, aun joven piensa que no va a llegar a viejo puede cambiar el sentido de sus respuestas.

Por otro lado, lo que llamamos inteligencia puede tener muchas versiones. Lo primero que se me ocurre es que una persona inteligente procurará siempre tener una buena calidad de vida, tanto para él como para sus seres queridos con un horizonte temporal de cinco generaciones, de abuelos a nietos. Es complicado formular criterios de actuación en búsqueda de la felicidad para personas que tardarán en nacer, y por lo tanto lo harán en condiciones muy diferentes a las nuestras, e inútil para los que ya murieron, para los que no cabe hacer esta pregunta.

En cuanto a la edad en que se formule la pregunta, los niños y en parte los jóvenes, centran su felicidad en objetivos muy inmediatos y su futuro en la preparación para la vida, especialmente la formación. En este caso son sus “mayores” los que normalmente y en parten impostan su voluntad procurando como signo de inteligencia, una posición estable para su futuro que les proporcione un grado satisfactorio de bienestar.


Las que hemos denominado “personas en desarrollo” suelen considerar deseable sus éxitos profesionales y personales, variando según edad y circunstancias. En esta etapa el referente es la propia sociedad que le induce a la ambición de mejorar, en muchos casos hasta la avaricia, y les impulsa hasta la autoestima que puede llevar del amor propio a la soberbia. El consumismo y la competitividad está llevando a los hombres hasta los extremos más nocivos, circunstancias que no podemos considerar como inteligentes, ya que terminan volviéndose contra la propia persona, incluso contra los seres de su entorno más inmediato.

El cultivar el saber no coincide con profundizar en los conocimientos y habilidades que le hacen cada vez más competitivo. El mundo de hoy está lleno de expertos, que, para mí son personas que saben tanto de una parcela determinada que no saben nada de todo lo demás, y eso es muy peligroso. Pero es a lo que nos están llevando los principios neoliberales que, si algo tengo claro, no conducen al ser humano al camino de la felicidad.

Es la edad madura donde el hombre debe orientar y consolidad su proyección en este mundo, tanto social como individualmente, y es precisamente donde recibe mayor cantidad de presiones para cambiar ambición por avaricia y solidaridad por egolatría. Normal en una sociedad que identifica éxito y riqueza con felicidad. Esto es fruto de esa falta de visión global del hombre, de una concepción filosófica de la vida, que apenas se le enseñó en sus primeros años, los de formación, y a la que solo llega cuando por iniciativa propia se plantea su propia existencia y su actitud ante los demás seres con los que se relaciona.

Tal vez el mayor interés sobre que se debe perseguir en la vida puede situarse en la franja de edad de la vejez, cuando le queda menos años por vivir y ni la ambición ni la acumulación de riqueza tienen tanto sentido. Es entonces cuando nuestra propia reflexión nos lleva a buscar la serenidad de espíritu, la contemplación y el regocijo en el bien propio y ajeno.

Es evidente que responder a la pregunta de como vivir inteligentemente no es algo fácil, por ello me quedo con una de las explicaciones que da el escritor Gala, cordobés por vocación y sentimientos “buscar a cada día su propio afán”.

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