“Yo creo que el afán debe de venir acompañado de una ilusión y, desde luego, de placer. Es verdad que hay días que no tenemos ganas de levantarnos y buscamos alguna razón para ello”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


27/10/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre la motivación: “El hombre siempre puede encontrar algún afán a lo largo de su vida, aunque estos vayan cambiando con el tiempo, que es como decir con la edad. Algunos tienen...

...vocación eterna, otros son circunstanciales influidos por modas o por otras personas, pero siempre hay algo porque afanarse, de lo contrario sería como renunciar a la vida misma”.

La búsqueda del afán de los días

En el artículo de la semana pasada, ante la cuestión de cómo vivir inteligentemente comentaba citando a Antonio Gala, un factor que merece la pena meditar, buscar el afán de cada día. Como afán podemos entender dedicación a algo por lo cual estamos interesados. Esto durante la etapa laboral de las personas podíamos obviarlo por la necesidad de desempeñar nuestro trabajo, con los sentidos y matices que este puede suponer. Pues trabajo es el de la persona que estudia y de quien cuida de su familia. Otra cosa es que el referido desempeño nos proporcione satisfacción, o sea un medio de supervivencia, incluso una realización personal. Cuando nuestro trabajo no nos gusta no nos “afanamos” en el sino que lo soportamos, aunque a veces lo hagamos con alegría pensando que es una situación pasajera.


Yo creo que el afán debe de venir acompañado de una ilusión y, desde luego, de placer. Es verdad que hay días que no tenemos ganas de levantarnos y buscamos alguna razón para ello. La juventud no necesita afanes, es un afán en ella misma. Pero vencido ese periodo de la vida, el desinterés por cada vez más cosas nos invade y hay que o bien buscarse nuevas razones, o acudir a las que quedan para afanarse en ellas.


La imaginación (la loca de la casa) y la sensibilidad son nuestras aliadas a la hora de buscar afanes que en muchas ocasiones teníamos hasta olvidados. A mi me ha asaltado una música de guitarra o un concierto de violines, este en una plaza pública, que me han hecho entrar en trance hasta el llanto, y en ese momento he pensado ¿Por qué no visito más estos lugares del alma? ¿Por qué no dedico también a estos sonidos mis afanes?

Para mí, he de admitirlo, nada mejor que un buen libro. Coinciden muchos pensadores que los libros nos salvan de la locura en este mundo propenso a la tristeza y a la maldad. Te hacen vivir otras vidas o, por lo menos otras dimensiones de la vida y, sobre todo, reflexionar sobre la que llevas. Pero también hay otros motivos que, por razones desconocidas concitaron tu atención como las artes en general y el deporte, en todos los casos ya sea como participante o como espectador.

El hombre siempre puede encontrar algún afán a lo largo de su vida, aunque estos vayan cambiando con el tiempo, que es como decir con la edad. Algunos tienen vocación eterna, otros son circunstanciales influidos por modas o por otras personas, pero siempre hay algo porque afanarse, de lo contrario sería como renunciar a la vida misma.

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