“Las falsas noticias y sobre todo, las no veraces, están invadiendo nuestra realidad diaria hasta el punto de convertir la propia realidad en otra gran mentira”

OPINIÓN. 
Piscos y pegoletes
. Por Enrique Torres Bernier
Profesor del Departamento de Economía Aplicada de la UMA


10/11/22. 
Opinión. El Doctor en Ciencias Económicas y especialista en turismo y ordenación del territorio, Enrique Torres, escribe en su colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com sobre las mentiras: “El problema es que hoy día lo que se formulan son mentiras absolutas y se pretenden convertirlas en verdades absolutas, en ambos casos de acuerdo con...

...principios, no científicos, sino ideológicos, de manera que cualquier discurso o cadena de razonamientos no termina en esa “verdad” preanunciada, por lo que no sirve y hay que cambiarlo”.

Las mentiras como armas

“Para hacer cumplir las mentiras del presente, es necesario borrar las verdades del pasado”
George Orwell

Esta frase sacada del libro de este visionario autor, Paris 1984, representa bastante al mundo hacia el que caminamos. Las falsas noticias y sobre todo, las no veraces, están invadiendo nuestra realidad diaria hasta el punto de convertir la propia realidad en otra gran mentira. Pero claro, en muchas ocasiones esta falsa realidad no encaja con la que hemos tenido como realidad anterior, por lo tanto, hay que cambiar esta última.

Así, hay que lograr que Franco no fuera un sanguinario dictador, que Isabel la Católica cuidara mucho de su higiene y que, por supuesto, Colón fuera catalán.

Desde luego, no debemos olvidar que el real conocimiento de la realidad es un tema ligado desde el comienzo de la civilización occidental a la existencia del ser y ya tenemos bastante los humanos como para explicar que lo que percibimos los humanos, por otra parte, diferente en muchas ocasiones según personas, ideologías y sistemas de pensamiento, se corresponde o no con la realidad absoluta.

Es fácil comprender, entonces, la postura de los epicúreos que lo mejor es fiarnos solamente de nuestros propios sentidos que, aun pudiéndonos engañar, es lo más evidente y cercano que tenemos.

La ciencia, como expresión del conocimiento y mediante la experimentación, dio un paso más ampliando los sentidos al pensamiento especulativo, y con la experimentación dio lugar al positivismo que llevó a enormes avances en las ciencias fácticas y se trasladó en sus principios, muchas veces de modo bastante radical a las sociales.


A pesar de todo, el consenso sobre principios y consecuencias, en especial en la comunidad científica, nos llevó a la formulación de paradigmas que, aunque dentro de una visión dinámica de cambio, nos ofrecía la posibilidad de formular verdades relativas con suficiente credibilidad como para considerarlas durante un tiempo como absolutas.

El problema es que hoy día lo que se formulan son mentiras absolutas y se pretenden convertirlas en verdades absolutas, en ambos casos de acuerdo con principios, no científicos, sino ideológicos, de manera que cualquier discurso o cadena de razonamientos no termina en esa “verdad” preanunciada, por lo que no sirve y hay que cambiarlo.

En este discurso intervienen también dos factores fundamentales, quien lo escucha (el público en general) y quien lo cuenta (los medios y los voceros de los grupos de interés).

El primer grupo, el público, está desde hace tiempo, siendo preparado para “tragarse” lo que le echen. Para ello es fundamental anular su actitud crítica, especialmente si la información viene de determinadas fuentes, que pocas veces tienen que ver con la objetividad y la ciencia, hecho que se consigue mediante la difusión de una educación manipulada, o por lo menos sin preguntas “incómodas" y la entronización de falsos ídolos bajo el principio consumista y que pueden ir desde los metaversos a los influencers.

En cuanto quien lo cuenta, la clave está en la manipulación, más o menos encubierta, de los medios de difusión, en este caso cada vez mayor y empezando por las redes sociales, un mundo casi sin normas y donde lo que menos importa es la verdad de lo que se habla y su posible verificación.

Con personas sin espíritu crítico, que es decir sin cultura amplia, y poderosos medios de generación/interpretación/tergiversación de noticias está todo preparado para la manipulación por medio de las mentiras. Lo único que todavía nos salva es que aun hay “varios grandes hermanos” y esa falta de unanimidad por estos grupos dominantes llevan a los ciudadanos a la perplejidad, y por lo tanto a la duda, lo que es un camino a la reflexión que nos aproxime, si no a la verdad, al menos al reconocimiento de las mentiras.

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