“La palabra biodegradable no es sinónimo de ecológico, sino más bien de todo lo contrario. Cuando un producto resalta en su envase que es biodegradable es señal de que quieren darte un argumento para que lo compres. No piques.”

OPINIÓN. ECOselección BlogSOStenible. Por Pepe Galindo
Profesor de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UMA


16/10/20. 
Opinión. El profesor de la UMA, Pepe Galindo, comparte en su espacio de colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com textos de su página web https://blogsostenible.wordpress.com/. En esta ocasión sobre productos autodenominados “biodegradables”: “Como norma, cualquier producto de usar y tirar no es ecológico, aunque digan sus fabricantes que es biodegradable. Si no compras ni...

...usas un producto por no ser biodegradable, también puedes prescindir de su versión ecofriendly (otra palabreja de la que debemos desconfiar)”.

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Desconfía de los productos que dicen ser “biodegradables”

La cáscara de un plátano es un envase biodegradable. Sin embargo, no se indica con llamativas letras. La palabra biodegradable no es sinónimo de ecológico, sino más bien de todo lo contrario. Cuando un producto resalta en su envase que es biodegradable es señal de que quieren darte un argumento para que lo compres. No piques.


Nuestra sociedad se ha convertido en adicta a los productos de usar y tirar. No nos referimos solo a botellas y bolsas de plástico, sino también a latas de conserva, latas de bebidas, tarros de cristal, cápsulas de café, infusiones… ¿Qué cosas puedes comprar hoy sin envases de usar y tirar? ¿Por qué los supermercados venden tanta basura? Como todas las adicciones, esta también la estamos pagando con nuestra salud. Practicamente solo frutas y verduras pueden comprarse sin envases pero, como te descuides, te colarán bolsas, pegatinas y otros contaminantes innecesarios.

¿Cuáles son los peores productos biodegradables?

Como norma, cualquier producto de usar y tirar no es ecológico, aunque digan sus fabricantes que es biodegradable. Si no compras ni usas un producto por no ser biodegradable, también puedes prescindir de su versión ecofriendly (otra palabreja de la que debemos desconfiar). De hecho, podríamos decir que todo es biodegrable: una botella de plástico tarda 1.000 años en biodegradarse y si es de vidrio solo tarda 4 veces más.


Los productos que se anuncian como biodegradables deberíamos leerlos como biodesagradables(desagradables para la vida). Nos quieren engañar y eso es muy grave. Veamos unos ejemplos:

  • Bolsas de plástico: Si te dicen que son biodegradables es que te quieren embaucar para que compres mucho y uses sus bolsas sin preocuparte. Quieren que no te preocupes por la basura o por si una tortuga se atraganta con tu bolsa biodegradable, porque la tortuga muerta también es biodegradable.
  • Capsulas de café: La principal estafa aquí es pagar en exceso por el café encapsulado. La segunda estafa es cuando dicen que son cápsulas biodegradables. Ellos saben que no vas a poner una cápsula en una de tus macetas para ver cuánto tiempo tarda en desaparecer. Si lo haces, descubrirás su estafa.
  • Otros: pajitas para beber, vasos, envases de comida, globos, pañales, compresas, bastoncillos… todo de usar y tirar, biodegradable, cómodo y práctico, pero no sostenible. También hay cremas solares, urnas funerarias, balines para armas de aire comprimido, limpiadores y tarjetas de crédito. Todo biodegradable, pero no te dejes engañar, pues las toallitas biodegradables también generan graves problemas ambientales (en las depuradoras, en los ríos, en los mares…). La solución no es tirar todo eso a la basura, sino evitar comprar todo eso.

En productos de alta duración, como bicicletas o ratones de ordenador, es mejor exigir que sean reciclables antes que biodegradables. Hay bicicletas y ratones de bambú, pero los ratones incluyen chips y cables que son contaminantes. Debemos exigir que la basura tecnológica se recicle, preferentemente en el país que la genera.

En la ropa, el problema de usar materiales no biodegradables (poliéster y fibras sintéticas procedentes del petróleo) es que en su lavado genera microplásticos que contaminan ríos y mares. La principal alternativa son las fibras de origen natural (algodón, lino…).

Conclusión: «existes, luego PIENSA»

Demos la vuelta a la famosa máxima de Descartes. Usemos el cerebro para pensar y que la publicidad no nos despoje de ese nuestro poder. No te fíes de palabras bonitas como “natural” (el petróleo y la cicuta son naturales) o “casero” (aplicado a alimentos procesados que no se han hecho en la casa de nadie).


Recuerda que todos los productos —biodegradables o no— no se biodegradan cuando queremos, sino cuando las condiciones y el tiempo lo permiten. Mientras eso ocurre pueden generar daños a la fauna y al paisaje, pero lo peor es que fomentan un consumo desmedido de materiales, energía y transporte.

Por desgracia, vivimos en la era de la información falsa. Las empresas se gastan mucho dinero para que pienses que son respetuosas con el medioambiente, es el llamado greenwashing, una palabra que quiere decir que nos engañan, o al menos, que lo pretenden. Nos quieren engañar en todo: limpiadores ecológicos, coches sostenibles, cervezas verdes, inversiones bursátiles responsables, leche sin maltrato animal, comida para mascotas ecofriendly… y hasta vuelos en avión sostenibles. El objetivo es que consumas mientras ellos se encargan de reciclar tu conciencia.


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