“Si un ganadero abandona su ganado en el monte y el lobo le ataca, recibe subvenciones por cada animal que pierde. O sea, reciben premio los que no cuidan de su negocio ni de sus animales”

OPINIÓN. ECOselección BlogSOStenible. Por Pepe Galindo
Profesor de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UMA


25/06/21. 
Opinión. El profesor de la UMA, Pepe Galindo, comparte en su espacio de colaboración en EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com textos de su web BlogSOStenible. En esta ocasión se trata de un texto sobre las subvenciones a los animales muertos a manos de lobos, que producen “que muchos ganaderos abandonen en zonas loberas —a conciencia— aquellos animales enfermos o que no les interesan...

...por cualquier motivo. Es un fraude que ocurre desde hace años y en algunos casos hay más de 300 ganaderos imputados por estafa en los ataques de lobo. Incluso, algunos han comprado reses débiles y en mal estado precisamente para cobrar las subvenciones”.

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Los ganaderos cuyas reses sean atacadas por el lobo deben ser sancionados y no subvencionados

A veces, las cosas se hacen al revés. La racionalidad del humano es muy baja. Así ocurre en España con el lobo. Si un ganadero abandona su ganado en el monte y el lobo le ataca, recibe subvenciones por cada animal que pierde. O sea, reciben premio los que no cuidan de su negocio ni de sus animales.


Esta estrategia produce que muchos ganaderos abandonen en zonas loberas —a conciencia— aquellos animales enfermos o que no les interesan por cualquier motivo. Es un fraude que ocurre desde hace años y en algunos casos hay más de 300 ganaderos imputados por estafa en los ataques de lobo. Incluso, algunos han comprado reses débiles y en mal estado precisamente para cobrar las subvenciones. En un caso compraban potros por entre 150 y 300 euros cada uno, y cobraban ayudas de 900 euros. También falsificaban los datos para cobrar dos veces por el mismo animal. Hecha la ley, hecha la trampa.

Si un padre abandona a su hijo en el monte y el lobo le ataca, la ley actuará duramente. Por el mismo motivo, la ley debe actuar contra aquellos ganaderos que no cuidan bien de sus animales. Están obligados a ello por dos motivos básicos: es su negocio, y tienen en sus manos la vida y el sufrimiento de animales sensibles y sintientes. Mientras el ganado se perciba como meros objetos progresaremos muy lentamente hacia una sociedad sostenible y ética. Por cierto, que la palabra “res” viene del latín “res”, que significa “cosa” o “propiedad”, lo que refleja de dónde venimos, pero que no condiciona a dónde vamos.

El lobo tiene muchas ventajas económicas y ecológicas, incluyendo reducir los accidentes con fauna salvaje, ahorros económicos a los ganaderos y mejoras en los pastos. Los ganaderos que no aceptan esas ventajas, lo hacen más por ignorancia que por dinero. Deben aprender de tantos otros ganaderos que conviven con el lobo sin problemas, porque la convivencia es posible y fácil (cuando se quiere). Mientras haya subvenciones —y estas tiendan a ser cada vez mayores—, los ganaderos no van a estar interesados en cuidar totalmente de los animales que tienen a su cargo. Menos subvenciones, más educación.

Hemos sobrepasado 4 de los 9 procesos básicos de la Tierra —llamados límites planetarios—, y la biodiversidad es, tal vez, lo más preocupante. La pérdida de ecosistemas y de especies está entre las causas de las pandemias. Es uno de los mayores problemas de la humanidad. Dejemos de discutir si una especie salvaje merece o no vivir.

No vivimos en el paleolítico. En pleno siglo XXI, la caza deportiva debe ser prohibida: de todas las especies, en todos los territorios.

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