En su nueva sede se dan “obras de teatro, micro abierto para poesía, recitales, conciertos pequeños acústicos,… pero sobre todo damos el espacio y el lugar a compañeras que se autogestionan y necesitan salir adelante y no tienen medios para un local o una tienda física”

Desde la Medusa entienden que “todo lo que uno hace es política, por lo que para nosotras poder hacer política desde los feminismos no solo es maravilloso, sino que también es urgente”

28/04/22. 
Sociedad. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com. La Medusa Colectiva nació a finales del verano de 2018 en una conversación de bar, abriendo sus puertas en enero de 2019 para “albergar multitud de colectivas, movimientos, proyectos e iniciativas feministas, culturales, autónomas y autogestivas en la ciudad”, tal y como aseguran en su página web (AQUÍ). Así, se trata de un “espacio autogestionado por mujeres...

...que desde el feminismo autónomo desarrolla un proyecto de sensibilización e intervención comunitaria con perspectiva interseccional”.

EL OBSERVADOR ha hablado con una de las integrantes de la asociación, Josefina, que narra como La Medusa Colectiva, que se define como “una asociación para mujeres y disidencias, trans-inclusiva, en clave feminista”, surge de “la necesidad de visibilizar y darle espacio al trabajo, al arte y a todas las actividades que puedan realizar compañeras, por ejemplo migrantes, trans, mujeres y disidencias, que estamos tan silenciadas y tan apartadas del sistema cisheteropatriarcal”.


El punto de partida fue el FemFest celebrado en la Casa Invisible a finales del 2018, “un festival por y para mujeres, y con todo lo recaudado se juntó para pagar la fianza y alquilar el primer local de La Medusa”, según Josefina. Desde entonces, La Medusa “se construye día a día como un espacio autogestionado por mujeres que desde el feminismo autónomo desarrolla un proyecto de sensibilización e intervención comunitaria con perspectiva interseccional, donde se tengan en cuenta aspectos tales como el género, la clase, el rango etario, la etnia, la territorialidad, etc, y como éstos se entrecruzan y generan subjetividades diversas”.

La Medusa Colectiva, que es una asociación autogestionada que no recibe “ningún tipo de ayuda ni de financiación por parte de las administraciones”, sigue creciendo y se ha mudado recientemente a un local más grande en el barrio de la Trinidad, concretamente a la calle Don Juan de Austria, 31. “Aún estamos dándole forma al nuevo espacio, que tiene mucho potencial para poder desarrollar más actividades de las que podíamos hacer en el espacio anterior”, asegura Josefina.

Así, en su nueva sede se dan lugar “obras de teatro, espacios de micro abierto para poesía, recitales, conciertos pequeños acústicos, también tenemos una actividad que se llama ‘Chow Chow Room’, que es un día de puertas abiertas, que puede venir quien quiera a hacerse socia, pero sobre todo lo que hacemos es darle el espacio y el lugar a compañeras que se autogestionan y necesitan salir adelante y no tienen los medios para poner un local, o invertir en una tienda física”. De esta manera, desde La Medusa abren “la plataforma de nuestras redes y nuestra comunidad para que estas compañeras puedan traer sus trabajos. Hay algunas que hacen croché, que hacen alfombras, fitocosmética, macramé, comida vegana, camisetas, joyería, tenemos también un grupo de costura a máquina...”.


Para Josefina la experiencia está siendo muy positiva, “en primer lugar que todo lo que uno hace es política, por lo que para nosotras poder hacer política desde los feminismos no solo es maravilloso, sino que también es urgente. Y es muy importante para mejorar el mundo en el que vivimos, los feminismos son para vivir y son más que necesarios”.

Josefina entiende que es fundamental “poder gestionarnos desde la horizontalidad, desde la asamblea que es soberana, escuchando los opiniones de todas, entendiendo los ciclos más lentos, no los ciclos productivos del capitalismo que está en todo y todo el tiempo está oprimiendo. Poder gestionar desde la paciencia, el acompañamiento, la escucha activa, el apoyo, la contención, el sostén…”.

En La Medusa “siempre terminamos las asambleas abrazándonos y agradeciéndonos la presencia, la intención, la paciencia, el respeto, los cuidados, sentimos que estamos encontrando una nueva forma de crear y de construir, respetando nuestros propios ritmos, buscando la forma para poder hacer las cosas con amor y no desde lo productivo”, aunque el factor económico también sea importante, “porque hay que pagar el alquiler, hay que pagar los servicios, hay que poder sostener el espacio”.


Así, en la asociación se juntan, según Josefina, “algunas compañeras que tienen más recorrido y que llevan militando muchos años, con otras que están empezando, descubriendo el feminismo, entonces hay que gestionar desde la paciencia y desde el encuentro con la otra”.

Josefina asegura que “la militancia es trabajo no pagado, pero cuando es compartido se aligera y es algo que realmente una disfruta, tenemos ganas de estar ahí, y es muy bonito ver como siempre van apareciendo nuevas caras, nueva gente, nuevas personas que vienen a apoyar y que encuentran en nosotras, en nuestro espacio, seguridad y cobijo, estamos muy contentas y muy orgullosas”. Y aunque “a veces se hace cuesta arriba, siempre juntas podemos resolver cualquier desavenencia”.

Tras preguntarle a Josefina si podíamos poner su nombre en el artículo o si prefería que nos refiriéramos en todo momento al colectivo, asegura que “nosotras no buscamos ningún protagonismo, sino que buscamos mostrarnos como un grupo y como un espacio, todas somos la Medusa, hablaste conmigo porque soy la que puedo hablar ahora mismo, siempre hay una representando a todas, en realidad todas somos la Medusa, es el mensaje que queremos transmitir. No solo quienes gestionamos, sino todas las que en algún momento se puedan sentir identificadas o se quieran acercar, estamos aquí para todas”.