Geógrafos y urbanistas como Alfredo Rubio apuntan a que en Málaga no hay público para algo de calidad y que este problema concierne a las expectativas que mantuvieron las administraciones en su día: no se han cumplido

18/01/16. Urbanismo. El Muelle Uno publicita en la red la apertura de un nuevo establecimiento de restauración en este ‘centro comercial abierto’ que pretendió ser el nuevo Puerto Banús de la provincia. Se trata de un Burger King. EL OBSERVADOR / www.revistaelobservador.com conversa con Alfredo Rubio, urbanista, quien señala que como modelo de mercado de lujo el Muelle Uno ha sido un fracaso...

...porque en Málaga ese tipo de público no se ha encontrado. Este medio también rememora la polémica pasada a cuenta de la reforma de esta dársena, hoy ya asimilada en el barrio de La Malagueta, en el que ni siquiera el Centro Pompidou ha conseguido que se pusiese en marcha y funcionasen los establecimientos más singulares: La pasarela del muelle de yates se ha llenado de franquicias y locales de restauración con una carta nada impresionante y ningún atractivo turístico.


HACE
apenas cinco años el problema de la ‘esquina de oro’ de los muelles uno y dos del Puerto de Málaga no se había, ni por asomo, solucionado. Hubo que esperar a que se edificase un cubo que se mantuvo vacío hasta el año pasado y superar las interminables obras del ‘centro comercial abierto’ y del Palmeral de las Sorpresas. Ahora se puede echar la vista atrás y el resultado no es el esperado. Ahora ha llegado un Burger King pocos meses después de que aterrizara el Centro Pompidou (la mcdonaldización del arte de la que hablaba Rogelio López Cuenca, pero llevada al esperpento). El problema es que hace menos de cuatro años la polémica estaba en qué hacer con la esquina de oro del Muelle 1 y 2 y la idea de un supermercado soliviantaba a mucha gente porque no era un establecimiento de categoría.


“LA óptica con la que se movió todo era la calidad. Que había que montar algo de calidad. ¿Qué ha pasado? Que no hay público para ‘algo’ de calidad”. Es la explicación que da Alfredo Rubio, geógrafo, profesor de la Universidad de Málaga y urbanista. Sus palabras razonan cómo es posible que la concesionaria del Muelle Uno venda como un éxito la instalación de una franquicia hamburguesera en el que iba a ser el nuevo recinto exclusivo y ‘chick’ de la ciudad. “Ese es un debate que tiene que ver más con las autoridades”, señala, dado que fueron las instituciones las que motivaron la finalidad que tendrían las obras y locales de restauración y comercio nuevos.


RUBIO
también apunta en qué se ha basado ese error. “Considerar que el turismo de cruceros iba a llenar aquello y que iba a consumir productos de calidad es un error. El turismo de cruceros de hoy no tiene nada que ver con el de los años 50. Hoy es un turismo masivo y barato, con poco dinero y que consume fundamentalmente en el barco. Y en Málaga no hay público para un centro comercial de lujo. Y ni siquiera el Pompidou es capaz de elevar la calidad del entorno, como tampoco consiguió entonces el Museo Picasso en el entorno del Centro, y en ambos casos con planes de acción. Planes que no funcionaron”.


TAMBIÉN
en junio de 2011 el arquitecto Salvador Moreno Peralta señalaba a esta revista que el criterio de planteamiento inicial para Muelle Uno “no era del todo correcto, porque se basaba en criterios más comerciales que urbanísticos”. “El Muelle es como un oblongo centro comercial, longitudinal, que exige unas superficies que actúen como locomotoras económicas, pero opino que ese no debe ser el único argumento para afrontar la configuración formal. Tenía que haber habido criterios urbanísticos por encima de los comerciales. Se trataba de la reordenación urbanística de una zona sensible con una zona comercial para aliviar la carga financiera. Pero lo comercial no debía primar. Por eso se habló de un supermercado, luego de un gimnasio, ahora se habla de una juguetería, también se indicó que el uso cultural sería el atractivo y la ‘locomotora’ que atrajese público”. Al final, nada de eso. Pero tampoco de lo otro.


EN
Málaga, por supuesto, hay quien podrá permitirse ir a esquiar todos los fines de semana a Suiza. Sin embargo, ese prototipo de público es el que todavía no consume en Málaga, donde el público no se interesa por lo que ofrece la ciudad. Alfredo Rubio considera que es necesario que se empiece a explicar y hablar de este punto, porque hasta que Málaga no lo entienda “seguiremos dándonos cabezazos hasta que algo funcione”.





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